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03-11-2003
TRANSVARGUARDIA ITALIANA EN EL MAC
 
Por Joaquín Cociña


Mimmo Paladino

TRANSVANGUARDIA ITALIANA
Exposición de los exponentes la corriente de pintura italiana durante la década de los 60 y 70
Curador: Achille Bonito Oliva
Artistas: Sandro Chia, Francesco Clemente, Enzo Cucchi, Incola de Maria, Mimmo Paladino

MAC - Museo de Arte Contemporáneo
Dirección:
Parque Forestal s/n
Hasta el 9 de noviembre

La Transvanguardia Italiana no es un movimiento artístico, sino una agrupación de artistas realizada por Aquile Bonito Oliva con el objeto de graficar una visión respecto a lo que él considera una forma de hacer arte.

Bonito Oliva plantea que el arte de las vanguardias, sobre todo el de los años sesenta (arte conceptual y Arte Póvera principalmente), estaba forjado sobre una visión filosófica que él denomina "Darwinismo Lingüístico". De manera crítica, plantea que las vanguardias tenían una visión idealista respecto al desarrollo de las artes a través de la historia: como una línea continua, de superación o de perfeccionamiento. Esa forma estaría basada en una concepción del arte dependiente y servicial a ideologías políticas. En ese sentido, el arte sería una suerte de agente de participación en un movimiento que confía en el mejoramiento social.

Plantea que esa concepción de continuidad en ascenso se quiebra en los setenta, cuando los ideales van desapareciendo bajo las lógicas del mercado, después que tanto las ideologías que planteaban la guerra como única forma de renovación del mundo, como las que se levantaban sobre la confianza en un ser humano bondadoso y tendiente a la igualdad, dieron como resultado gobiernos militares en América del Sur, derrumbamiento de mercados por acciones relacionadas con el petróleo y conflictos armados, graficados por la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Esa linealidad políticamente programada de las vanguardias tendría demasiada similitud con el origen de la palabra "vanguardia": es decir, un grupo pequeño de personas que van al frente de la batalla, dispuestos a morir por una ideología. La programación política del arte y la muerte sin sentido -concepciones demasiado ligadas a la guerra y al arte- no tendrían siquiera un objeto de sacrificio supremo, pues esa lucha estaría medida y regulada por intereses y pesos económicos. El mundo de las ideologías habría sido aplastado por el del mercado y, de paso, confirmaría las batallas perdidas por los vanguardistas.


Incola de Maria

Entonces, Bonito Oliva se refiere a que la llamada "crisis del arte" se puede entender como un punto de quiebre y comprobación que esa crisis sería una caída, la de la linealidad dada por la mentalidad darwinista y evolucionista, es decir, la de las vanguardias.

Ante esa frustración, Oliva plantea que hay una respuesta -no programada- de los artistas Chia, Clemente, Cucchí, De Maria y Paladino, entre otros. Esta reacción sería la de un retorno a la obra como centro de acción del arte. Específicamente, a la pintura. Esta se replegaría de una manera doble: primero, sobre sí misma, en el sentido de su historia como lenguaje, a través de revisiones históricas que se entrometen en referentes pasados para traicionarlos, en el sentido de despojarlos de sus funciones específicamente articuladas para adherir a una forma filosófica y política de concepción. Segundo, un repliegue en el Yo del autor, en una introspección que hace obras desde la subjetividad. Pero, Oliva plantea que esos repliegues y retornos no emanan de la melancolía, sino de una forma de hacer obras desde una revisión de los elementos que componen las pinturas. Eso es parte de lo que Achille Bonito Oliva entiende por arte.

Los argumentos con los que define los límites del grupo no se aúnan formalmente de la manera en que lo hacen, por ejemplo, los de los Cubistas, que efectivamente se agrupaban bajo un mismo prisma formal para definir una concepción del arte ligada directamente con una manera de esparcir la pintura sobre una tela o, como en el caso del Arte Póvera, de los materiales y estrategias utilizadas. En ese sentido, la Transvanguardia unifica una serie de obras armadas sobre una clara personalización de un formato artístico, y lee esa actitud formal dispersa como un algo descifrable de manera unitaria. Una forma indirecta de entender la formalidad de las obras.


Francesco Clemente

Pero ocurre que, al visitar la exposición que se presenta en el MAC, se puede comprobar que sí existe una línea que une muchas de las obras expuestas: la insipidez pictórica. La gran mayoría de los artistas presentados parecen retornar a la pintura, pero sólo a través de dos elementos: la superficie y su relación con el esbozo, y la abstracción y su relación con los elementos poéticos que se pretenden realizar mediante la inactividad de la imagen. La gran mayoría (Cucchí, De Maria y Paladino) realizan obras que se sustentan en una sobrevaloración del límite de la pintura, en el sentido que utilizan estructuras pictóricas que no tienen más complejidad que la de estar dentro de un cuadro. Los referentes críticos al pasado, la pictorisidad y la configuración de obras que se repliegan sobre el propio arte parecen estar sólo en un sentido teórico o en las cabezas de los artistas, pues no aparecen indicios de esas concepciones en los cuadros.

Las obras expuestas sí se estructuran sobre una subjetividad, pero basada no en el contexto, tampoco asumiendo la existencia de otras imágenes no pictóricas en el sentido más lineal, sino en una concepción que no pretende tener ninguna influencia más que las poéticas o decorativas. Las pinturas presentadas no sólo no adhieren a visiones políticas del arte, también parecen pretender no pararse sobra nada, cayendo en sentidos comunes. Es una noción de libertad que tiene dos famosos ejemplares en Chile: Bororo y Bemayor.

Es una lástima, pues, aparte de Clemente y algo de Chia, los artistas de La Tranvanguardia, presentados en el MAC, no parecen interesarse en la imagen pictórica, o, al menos, les interesa sólo en la medida en que creen estar trabajando referentes históricos desde una libertad personal. En ese sentido, los argumentos de Oliva quedan mal edificados porque las obras sobre las cuales se levantan no tienen densidad suficiente.

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