Pulse Aquí












Home | Plástica | Nota
20-10-2003
TINA MODOTTI, UNA PASIÓN MEXICANA
 
Por Constanza Arena

UNA PASIÓN MEXICANA
Artista:
Tina Modotti

MNBA, Museo Nacional de Bellas Artes
Dirección:
Parque Forestal s/n
Hasta el 9 de noviembre

La exposición de Tina Modotti presenta dos puntos de entrada diferenciados: su vida y su obra. El rasgo característico en ambas facetas del personaje-artista es su condición de ser en tránsito. Esta condición fundamental, evidente en la revisión, tanto de sus desplazamientos geográficos de Italia a México -pasando, entre otros países, por la Unión Soviética, Francia y España, para morir de vuelta en México a la edad de 46 años-, como de sus múltiples oficios y ocupaciones, atraviesa no sólo su vida sino también su obra.

Fotográficamente, es claro su tránsito: durante siete años de su vida trabajó con ella, desde la experimentación formal, aprendida de Edward Weston, a una inclinación documental marcada por su militancia política y su cercanía con la problemática social mexicana. Claras muestras de uno y otro polo estético son "Vasos" (1925) y "Conversación de dos mujeres bajo el pórtico" (1929), fotografía esta última que, a mi parecer, sobresale por encima de todo el conjunto expuesto por su potencia simbólica, su capacidad de sugerir antes que mostrar lo evidente, a través del ocultamiento de los rostros de los personajes centrales (recurso característico de las corrientes posteriores en la fotografía mexicana) que nos aleja de un referencialismo literal. Es una clara muestra de lo que posteriormente se elevaría como "fotografía social fantástica" (cuyo exponente principal será Alvarez Bravo), en un paralelo al género literario latinoamericano llamado "realismo mágico".

Lo relevante de esta transición es la rapidez con la que Modotti encuentra una expresión propia a través del lenguaje fotográfico, que precisamente pesa hasta el día de hoy, por abrir un sendero dentro del campo de la fotografía latinoamericana que otros recorrieron tras ella. Su influencia es reconocible no sólo en Manuel Álvarez Bravo, sino también en una larga lista de fotógrafas mexicanas, que incluye nombres como Graciela Iturbide, Mariana Yampolsky y Maya Goded. Modotti se transformó, poco a poco, en la precursora de una importante corriente femenina dentro de esa disciplina en su país.

A partir de 1926 la fotografía de Modotti se conecta con la realidad social de México en un trabajo que es igual a sí mismo, a diferencia de las corrientes fotográficas existentes y dominantes hasta ese momento: el pictorialismo, cuyo principal interés era copiar los recursos pictóricos a través de complicadas técnicas de óptica y revelado. La "buena fotografía" es, para Modotti, aquella que no imita a otras artes.

El debate teórico de la época acerca de la fotografía gira en torno a una noción de arte que se define a partir de la negación: la fotografía alcanzaría el estatuto de arte desde el momento en que no imita recursos propios de otros medios de expresión. Ahí radicarían tanto su veracidad como su honestidad. Por su capacidad mecánica, para Modotti no habría distorsión ni manipulación posible en la fotografía, transformándose en "...el modo más elocuente, más directo para fijar, registrar la época reciente". Sobre estas bases teóricas se sostienen sus fotografías con tinte social, pero, a pesar que se aprecia en su obra el reconocimiento de que la fotografía está muy lejos de la pintura, aún no se ven con claridad las características propias de la este arte, aquellas que la alejan también de la ilusión del referencialismo, de la fotografía como mero registro de una "realidad objetiva".

Dos claros ejemplos al interior de la exposición: "Juan Dos Pasos" (1927) e "Ilustración para una canción mexicana" (1927), famosa composición de supuesta lectura simbólica. En la primera, la fotografía como soporte se transparenta al punto extremo de identificar foto con sujeto (lógica de la foto carnet): "este es Dos Pasos" y, por si quedara alguna duda, la autora, con una flecha y un nombre escritos sobre el papel, nos impide abstraernos a cualquier posibilidad de convención al interior de la construcción de la imagen. En el segundo caso, guitarra, maíz y balas se entrecruzan en una composición que quiere sugerir lecturas simbólicas bastante artificiosas de por sí. Pero, tal y como en la Francia del siglo XIX se consideraba bella la fotografía que mostraba un objeto bello, aquí el simbolismo sobre la realidad mexicana lo dan los objetos, arrastrando connotaciones al interior de la imagen desde su condición de objetos y no desde su transformación en una realidad nueva, bidimensional y tamizada a través del mundo interior de un sujeto. El simbolismo es, paradójicamente, literal; es un simbolismo referencial que se apega al mundo de los objetos tridimensionales, quitándoles cualquier posibilidad de mutación, cualquier posibilidad de susurrar sentidos por encima de su capacidad de designación.

Pero esta interpretación se hace 80 años después de tomadas estas fotografías, distancia temporal que nos sitúa en un pedestal con una cómoda visión panorámica de la situación. Evidentemente, con Modotti el cambio en la fotografía comienza a gestarse y ahí radica gran parte del valor de su obra, pues ella es el umbral de entrada a la modernidad dentro de la fotografía mexicana, tanto en su temática como en sus recursos formales que, como vimos, sin ser homogéneos, pretendían encontrarle una nueva definición.

© INTERGROUP S.A.

CINE - TEATRO - ROCK - CLÁSICA - PLÁSTICA - ARQUITECTURA
LIBROS - DISCOS - EDITORIAL

SECCIÓN PLASTICA: plasticacl@unavuelta.com o Haga >CLICK AQUÍ<
© INTERGROUP S.A.