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UNA
PASIÓN MEXICANA
Artista: Tina Modotti
MNBA,
Museo Nacional de Bellas Artes
Dirección: Parque Forestal s/n
Hasta el 9 de noviembre
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La exposición
de Tina Modotti presenta dos puntos de entrada diferenciados: su
vida y su obra. El rasgo característico en ambas facetas del personaje-artista
es su condición de ser en tránsito. Esta condición
fundamental, evidente en la revisión, tanto de sus desplazamientos
geográficos de Italia a México -pasando, entre otros países,
por la Unión Soviética, Francia y España, para morir
de vuelta en México a la edad de 46 años-, como de sus múltiples
oficios y ocupaciones, atraviesa no sólo su vida sino también
su obra.
Fotográficamente,
es claro su tránsito: durante siete años de su vida trabajó
con ella, desde la experimentación formal, aprendida de Edward
Weston, a una inclinación documental marcada por su militancia
política y su cercanía con la problemática social
mexicana. Claras muestras de uno y otro polo estético son "Vasos"
(1925) y "Conversación de dos mujeres bajo el pórtico"
(1929), fotografía esta última que, a mi parecer, sobresale
por encima de todo el conjunto expuesto por su potencia simbólica,
su capacidad de sugerir antes que mostrar lo evidente, a través
del ocultamiento de los rostros de los personajes centrales (recurso característico
de las corrientes posteriores en la fotografía mexicana) que nos
aleja de un referencialismo literal. Es una clara muestra de lo que posteriormente
se elevaría como "fotografía social fantástica"
(cuyo exponente principal será Alvarez Bravo), en un paralelo al
género literario latinoamericano llamado "realismo mágico".
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Lo relevante
de esta transición es la rapidez con la que Modotti encuentra una
expresión propia a través del lenguaje fotográfico,
que precisamente pesa hasta el día de hoy, por abrir un sendero
dentro del campo de la fotografía latinoamericana que otros recorrieron
tras ella. Su influencia es reconocible no sólo en Manuel Álvarez
Bravo, sino también en una larga lista de fotógrafas mexicanas,
que incluye nombres como Graciela Iturbide, Mariana Yampolsky y Maya Goded.
Modotti se transformó, poco a poco, en la precursora de una importante
corriente femenina dentro de esa disciplina en su país.
A partir de 1926 la fotografía de Modotti se conecta con la realidad
social de México en un trabajo que es igual a sí mismo,
a diferencia de las corrientes fotográficas existentes y dominantes
hasta ese momento: el pictorialismo, cuyo principal interés era
copiar los recursos pictóricos a través de complicadas técnicas
de óptica y revelado. La "buena fotografía" es,
para Modotti, aquella que no imita a otras artes.
El debate
teórico de la época acerca de la fotografía gira
en torno a una noción de arte que se define a partir de la negación:
la fotografía alcanzaría el estatuto de arte desde el momento
en que no imita recursos propios de otros medios de expresión.
Ahí radicarían tanto su veracidad como su honestidad. Por
su capacidad mecánica, para Modotti no habría distorsión
ni manipulación posible en la fotografía, transformándose
en "...el modo más elocuente, más directo para fijar,
registrar la época reciente". Sobre estas bases teóricas
se sostienen sus fotografías con tinte social, pero, a pesar que
se aprecia en su obra el reconocimiento de que la fotografía está
muy lejos de la pintura, aún no se ven con claridad las características
propias de la este arte, aquellas que la alejan también de la ilusión
del referencialismo, de la fotografía como mero registro de una
"realidad objetiva".
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Dos claros
ejemplos al interior de la exposición: "Juan Dos Pasos"
(1927) e "Ilustración para una canción mexicana"
(1927), famosa composición de supuesta lectura simbólica.
En la primera, la fotografía como soporte se transparenta al punto
extremo de identificar foto con sujeto (lógica de la foto carnet):
"este es Dos Pasos" y, por si quedara alguna duda, la autora,
con una flecha y un nombre escritos sobre el papel, nos impide abstraernos
a cualquier posibilidad de convención al interior de la construcción
de la imagen. En el segundo caso, guitarra, maíz y balas se entrecruzan
en una composición que quiere sugerir lecturas simbólicas
bastante artificiosas de por sí. Pero, tal y como en la Francia
del siglo XIX se consideraba bella la fotografía que mostraba un
objeto bello, aquí el simbolismo sobre la realidad mexicana lo
dan los objetos, arrastrando connotaciones al interior de la imagen desde
su condición de objetos y no desde su transformación en
una realidad nueva, bidimensional y tamizada a través del mundo
interior de un sujeto. El simbolismo es, paradójicamente, literal;
es un simbolismo referencial que se apega al mundo de los objetos tridimensionales,
quitándoles cualquier posibilidad de mutación, cualquier
posibilidad de susurrar sentidos por encima de su capacidad de designación.
Pero esta
interpretación se hace 80 años después de tomadas
estas fotografías, distancia temporal que nos sitúa en un
pedestal con una cómoda visión panorámica de la situación.
Evidentemente, con Modotti el cambio en la fotografía comienza
a gestarse y ahí radica gran parte del valor de su obra, pues ella
es el umbral de entrada a la modernidad dentro de la fotografía
mexicana, tanto en su temática como en sus recursos formales que,
como vimos, sin ser homogéneos, pretendían encontrarle una
nueva definición.
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