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Si la pintura moderna tuvo por finalidad -como movimiento general- dejar atrás las formas de producción establecidas para definir otras nuevas o más amplias, la llamada pintura posmoderna opera desde la relectura de las formas de producción o, como es ejemplo Sigmar polke, del análisis de los elementos que componen la imagen pictórica, representativa y contextual. Parece muy generalizador y pretencioso plantear cuestiones así, pero este juicio es un resultado medianamente lógico al enfrentarse a las obras de Polke. Nacido el año 1941, define, junto con Gerhard Richter, las líneas más importantes de la pintura de fines del siglo veinte y comienzos del presente. Ambos, declararían: "No podemos confiar en que un día se pinten buenos cuadros ¡Nosotros mismos tendremos que encargarnos del asunto!". ¿Qué significa un buen cuadro para Polke? Las obras expuestas en el centro de Extensión de la universidad Católica -aunque son goauches, tintas sobre en papel, y no cuadros- conforman una respuesta provisoria a esta pregunta. Da la impresión que Polke se cuestiona constantemente cuál es la manera de hacer un buen cuadro en el contexto en que estamos o cuándo las imágenes en teoría no tienen la condición de realidad que tenían antes, pero, a la vez, a nivel generalizado, se confía en ellas hasta el extremo de creer que una franja pixelada de color celeste y otra amarilla, con un punto oscuro en el centro y un curioso movimiento entrecortado es, efectivamente, un tanque norteamericano recorriendo el desierto iraquí sólo porque una voz y un cartel de "en vivo" lo afirman; cuando las imágenes no son más que cosas que pasan y, a la vez, se han des-cosificado, las imágenes no son objetos, son un algo abstracto en el que se reconocen cosas. Las pinturas de Polke sí son cosas, son un algo que es reconocible por las reglas que la rigen y por el nombre con que se indican. A esto apelan sus obras a través de una revisión desconstructiva y reconstructiva de la materia pictórica, tanto en la constitución de la imagen como en los recursos técnicos, ambos aspectos no separables en sus obras, pues esa unión entre imagen-materia y su proveniencia son el motor principal de las pinturas de Polke, que siempre indican que lo representado se origina en otro lugar, tuvo otras intenciones y discursos en su contexto original, y que su única veracidad radica en que está puesto en la pintura. Un ejemplo de esto es el repetitivo uso de la trama de impresión publicitaria radicalizada hasta la casi desaparición del referente. Una mujer desnuda, en postura artificialmente cotidiana, apenas reconocible en los puntos que la componen, es rodeada por otros puntos que parecen responder a un referente, pero que en el cuadro son sólo puntos deformados y ordenados bajo la estructura de algo existente pero desconocido. La imagen queda quebrada. Las superposiciones y composiciones con operaciones formales de ese tipo hacen que las lecturas posibles de las pinturas se desplacen. Ya no parece lógico tratar de definir la idea central, problema o significado de la obra, sino entender de manera más compleja las razones que hacen que ese cuadro exista. Polke hace obras que no apuntan a un significado, ni siquiera a un sentido definido, si no que, con el fin de hacer un "buen cuadro", ejecuta la obra respondiendo a los significados, símbolos, signos e imágenes que rondan el momento actual y la historia, es el resultado de algo, no el productor. De alguna manera, siempre han sido así las pinturas que definen los momentos históricos del arte, pero en este caso, el método de configuración es una disección formal absolutamente radical, a través de una concepción específica que unifica la obra. Por esto, como se plantea en el comunicado de prensa de la exposición, constantemente se habla de Polke como "devorador de imágenes" y se dice que sus trabajos apelan a "la ironía, la sospecha, la crítica y la denuncia". Efectivamente ocurre todo eso, porque las imágenes con las que trabaja tienen potencialmente esas cargas y sus pinturas no "limpian" la imagen, sino que la hacen desbordar dentro de lo que es: cosas que parecen verdad. O viceversa. Es absolutamente recomendable visitar esta exposición como preludio a este artista y a la pintura contemporánea. Claro que se debe recordar una cosa: como la mayoría de las exposiciones que llegan a Chile de artistas de nivel internacional, las obras expuestas son más bien pequeñas y -usando un término odioso- menores respecto a la producción del autor. Cabe recordar que el formato más común de trabajo de Polke supera, en sus pinturas, los tres metros. |
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