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Exposición
EWE-03 de Max Corvalán
Entre 1 y 25 de agosto del 2003
Museo de Arte Contemporáneo
Parque Forestal s/n.
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Si bien la
obra montada en el MAC durante el mes de agosto no produjo ninguna demanda
de parte de los grupos ecologistas y ya ha pasado su período de
muestra, me parece pertinente en un momento en que el país vive
una profunda revaloración simbólico-histórica, publicar
los comentarios que me suscitó aquel trabajo de Max Corvalán.
La obra fue descrita así en la misma págian del MAC:
La sala
Valenzuela Llanos del MAC ha sido dividida a lo largo, por una vitrina
de 10mt x 2.10mt. El primer espacio -un especie de pasillo- sirve como
mirador del segundo, donde el espectador puede ver a la oveja que vivirá
el tiempo de la exhibición y además una proyección
a gran escala donde aparecerá él mismo (el espectador).
La oveja tendrá sobre su cabeza, sujeta con un arnés, una
diminuta y sofisticada cámara de video inalámbrica que trasmitirá
a tiempo continuo hacia el proyector antes mencionado. El piso se cubre
con un linóleo que aisla de las deyecciones del animal y se recubre
con pasto seco para que el animal se sienta mas cómodo, el espacio
por razones practicas y plásticas se encuentra con un numero indeterminado
de fardos de alfalfa y se ha contratado una persona que se hará
cargo de alimentar y asear diariamente el lugar.
Catalogar
esta obra de Max Corvalán como una obra religiosa no es del todo
descabellado. La oveja es un símbolo potentísimo desde la
historia de las religiones y no sólo como un animal sagrado, sino
como ejemplo de sumisión y benevolencia, valores o cualidades que
son la base fundamental de toda religión en un contexto social.
El hecho de poner una oveja en el museo desde una plataforma teórica
ligada a la ciencia, está determinado por el gesto de poner a circular
socialmente un símbolo, con la salvedad que este símbolo,
codificado bajo el nuevo contexto del museo, trasciende a las interpretaciones
religiosas y/o científicas, y se propone como el animal que sencillamente
es.
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Existen otras
historias de ovejas: la de los arrieros y la zoofilia, la de Dolly y el
futuro de una humanidad clonada, incluso las ovejas seccionadas de Damien
Hirst, que también desde una plataforma de experimento científico-artístico,
vincula el impacto de la bisección -de las vísceras- y el
espectáculo. De alguna manera, la presentación de Corvalán
es una manifestación empírica de la realidad; nos deja una
puerta abierta para confeccionar nuestro ideario simbólico desde
el cual inevitablemente configuramos y ordenamos la percepción.
No quiero parecer redundante, pero en la actualidad y bajo el constante
bombardeo de códigos de interpelación e interpretación
al cual nos someten tanto los medios de comunicación como la publicidad,
puede ser perfectamente posible que vayamos a ver la oveja al museo y
no seamos capaces de, efectivamente, ver la oveja. El estado adormecedor
con el cual se estacionan las obras en los museos nos obliga a la pasividad
y a mirar todo con ojos distantes, sin siquiera darle un sentido o una
posible lectura, aunque sea de manera tentativa.
La oveja
de Corvalán en su sencilla actitud de animal útil y de símbolo
digerido socialmente, invita al visitante a mirar la oveja. Para reafirmar
la propuesta se ha instalado un juego de cámaras y monitores, que
establecen un juego de miradas básico entre el ver y el ser visto,
de verse de uno a uno con la oveja -con el símbolo y con el animal-,
con el olor a heces y con los monitores que juegan a transformar al espectador
en parte de la obra.
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