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LA
QUINTA DEL SORDO
Artista: Guillermo Núñez
Centro
Cultural Matucana 100
Dirección: Matucana 100, Estación Central
Martes a domingo de 11 a 20 hs
Hasta el 20 de julio
ENTRADA LIBERADA
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¿Que
hace Guillermo Nuñez revisando nuevamente su obra, esta
vez en un espacio tan demagógicamente marcado como es Matucana
100? La respuesta puede ser más sencilla que la extensión
de esta nota. Sin embargo, no deja de ser extraño que nuevamente
Guillermo Núñez recurra al concepto de revisión ante
la posibilidad de generar una muestra de gran envergadura. Sobre todo
si atendemos a la producción actual de su obra, que continúa
circulando alrededor de la imagen impacto y el embudo simbólico
que ella representa como acto que refiere a la violencia.
Cuesta mucho
trabajo escindir esta muestra de lo que podría llamarse una retrospectiva,
es decir una revisión abierta de toda la obra que ha producido
un artista en vida. Sin embargo la condición de Matucana 100 como
lugar de muestra determina a tal punto el mapa expositivo que todo el
carácter retrospectivo cae en un rol secundario, produciéndose
un extraño vínculo entre lugar y obra, que privilegia el
desplazamiento entre imágenes y desfavorece la noción histórica
que se ha pretendido. Como muchas veces lo he mencionado, Matucana 100
es un lugar de difícil acceso, no por el cómo llegar a mostrar
allí, sino por las cualidades físico-espaciales que lo caracterizan,
cualidades que por ningún motivo ocultan el galpón que en
realidad es y la condición de estructura tosca y visualmente significativa.
En la muestra de Guillermo Núñez, pareciera haber un sentido
de apropiación que pocas veces es tan consecuente. La apropiación
se lleva a cabo cuando la crudeza de las imágenes que nos propone
van comedidas con la crudeza de un espacio poco acogedor, aumentando así
el impacto que la imagen seleccionada llega a tener.
Respecto
al imaginario de Núñez utilizado en esta muestra, se produce
una situación contradictoria. Núñez es un artista
del gesto, es decir, no establece su discurso a través de un tejido
de relaciones fuera de las obras, sino que genera obras con un marcado
carácter intimista y de interpretación simbólico
contextual. La política es un plus que hace de su obra un estandarte,
aunque no lo quiera. De esta forma, la trama, es decir el lugar desde
el cual la obra no se constituye pero desde la cual sí se debe
recordar, transforma el valor de la exposición en un documento;
es más, convierte las obras en una compilación de documentos.
De esta forma, la traducción de la retrospectiva se limita a ser
un recorrido no histórico de un archivo histórico perteneciente
al artista, es decir, una muestra articulada desde la violencia y no desde
la historia personal, y desde la violencia documentada por obras que en
sí carecen de la potencia que adquieren en el montaje de Matucana
100.
Entonces
¿qué hace Guillermo Núñez revisando nuevamente
su obra? Busca redefinir el carácter de la violencia a través
de un imaginario documental, recopilado principalmente de los medios comunicacionales
masivos. El hecho de forzarlo a una retrospectiva es debido a ese paralelo
que tiene todo hombre con la historia, después de ver cómo
esta cambia y transfigura los hechos a favor de la continuidad. En este
caso, una continuidad de la censura tácita que arrastra la violencia,
continuidad que incluso la ha transformado en otro subproducto de la cultura.
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