Ignacio
Gumucio
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CAMBIO
DE ACEITE
Pintura Chilena Contemporánea, 2ª Parte
Curadores: Jorge González Lohse, Víctor
Hugo Bravo y Mario Z
Participantes: Bruna Truffa, Álvaro Oyarzún,
Víctor Hugo Bravo, Mario Z, Consuelo Lewin, Alejandra
Wolff, Sebastián Leyton, Rodrigo Vega, Hugo Cárdenas,
Félix Lazo, Ignacio Gumucio, Patrick Hamilton, Rodrigo
Cabezas, Marcela Trujillo, Jorge González L., Álvaro
López, Cristián Silva-Avaria, Ciro Beltrán
y Pablo Chiuminatto
Museo
de Arte Contemporáneo, MAC
Dirección: Parque Forestal s/n
Horario: martes a sábado de 11.00 a 19.00 hs;
domingos y festivos de 11.00 a 17.00 hs
Adhesión voluntaria: $400 adultos, $300 3ª
edad, $200 estudiantes
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En la anterior
nota -ver-
me refiero a lo que, a mi modo de ver, fue un desacierto de denominación;
Cambio de Aceite no podía tratarse de un proyecto
curatorial de envergadura puesto que no lograba coordinar su propio enunciado
-el cambio del óleo- con lo que contenía la muestra en términos
de sentido y de su organización a través de obras particulares.
En esta oportunidad, subsanada esa primera salvedad, me dedicaré
al análisis de ciertas obras específicas, pasando por alto
el evento que las convoca.
Álvaro
Oyarzún realiza en la retaguardia del hall central -lugar antes
cubierto con verde cata por Arturo Duclós- una acabada deconstrucción
de la "doble polaridad" que constituye a la pintura -según
Filiberto Menna, peinture y tableau, superficie y representación-.
Con una disposición que recuerda el abarrotamiento de los muros
de la antigua academia francesa, coloca un gran número de "cuadritos"
y piezas gráficas a través de los cuales disecta los distintos
aspectos de la pintura -gesto, color, narración, retrato, dibujo,
e incluso, muy contemporáneamente, referentes fotográficos-.
El muro, en general, aparenta ser un anecdotario, una especie de inventario
de lo artístico banalizado, un cuaderno de apuntes de viaje o un
festival de atrocidades muy bien conservadas. Sin embargo, denota una
investigación rigurosa concerniente al medio pictórico en
tanto género artístico.
Caso parecido,
pero menos retórico, es el de Ignacio Gumucio, que, a diferencia
de Oyarzún, prescinde del marco objeto para dejar recaer esa función
sólo en el marco institucional que resulta ser invariablemente
el MAC -sutil economía, su trabajo es delicado como una dama-.
Dispone pajitas, bichitos, piedrecillas y flores, micas con pintura donde
la primera pincelada, el elemento velado -lo que los estudiosos esperan
encontrar mediante radiografías en el fondo de Las Meninas- es
lo que se nos exhibe. Con este gesto, excede un cuestionamiento a la superficie,
empotrando en lo pictórico una reflexión en torno al lugar
institucional del arte. Gumucio invierte el espacio del espectador enmarcado
por el museo. Gumucio, con su naturaleza muerta y artificial, deja al
espectador y su espacio, contenido y clausurado entre las paredes del
MAC.
Truffa
y Cabezas
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Truffa
y Cabezas -T&C-, así como Oyarzún, disponen con
cierta variación trabajos previamente expuestos en Galería
Animal. En el caso de T&C, han realizado apoyos gráficos a
algunas de sus obras mediante la inclusión de pintura directo al
muro, queriendo establecer de manera muy forzosa una relación entre
el conflicto de medio oriente/EEUU y Chile. Su intento falla desde el
minuto en que entramos a la sala: en lugar de decir Bagdad, escriben Bagdag,
indicio de una desprolijidad tanto en la planificación como en
la ejecución.
Hugo
Cárdenas
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La sala de
la tripleta Cárdenas, Trujillo y Araya resulta
entre aburrida y cómica a raíz de esa ya nada extraña
fascinación por lo norteamericanizado. La mezcla de diversos referentes
aglutinados bajo una misma forma de pintar no logra, en este caso, constituirse
como una obra potente. Sin embargo, la anamorfosis citada de los Embajadores
de H. Holbein con el rostro monocromo de Pinochet -de Hugo Cárdenas-,
resulta balsámica dentro del paisaje Mc Donalds -lisérgico,
mediático y sombrío- del resto de la sala.
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