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02-04-2003
CAMBIO DE ACEITE
 
Por Lucía Egaña


Natalia Babarovic

CAMBIO DE ACEITE
Exposición colectiva de pintura chilena contemporánea
Expositores: 39 artistas
Revisión crítica y temática del período 1980-2000

Museo de Arte Contemporáneo
Dirección:
Parque Forestal s/n, frente a calle Mosqueto, Santiago
Teléfono: 639-6488
Desde el 14 de Marzo al 13 de Abril de 2003
Horario: martes a sábado de 11.00 a 19.00 hs; domingo y festivos de 11.00 a 17.00 hs

LA EXPO

A pesar de no ser un término totalmente definido en nuestro país, una curatoría consiste en una operación que, cruzada por un criterio específico, permite seleccionar a artistas u obras para incluirlas dentro de un marco conceptual o discursivo determinado. J. P. Mellado diría un "diagrama", y si bien no comparto todas sus ideas personales, su definición es ajustada, en la medida que refiere a una operación medianamente constructiva vinculada al diseño -o dibujo-. Una curatoría, en estos términos, implicaría una labor productiva, de sentido ante todas las cosas y, determinada por este, una labor de disposición, manipulación y selección. No hay mella entonces en llegar a definir curatoría como una actividad creativa, como una actividad artística, llena de sentido y planificación.

Hay que considerar que esta exposición se plantea a sí misma como un proyecto curatorial de envergadura, donde tres personas -en este caso los pintores Jorge González Lohse, Víctor Hugo Bravo y Mario Cevallos "Z"- tomaron la iniciativa de reunir a una serie de representantes unidos por un género específico, el pictórico. La intención, "una revisión de un período de la plástica nacional, que toma a los artistas representativos de la escena pictórica experimental de los últimos veinte años"; el título, "Cambio de Aceite / Pintura Chilena Contemporánea".

"Cambiar el Aceite" es una actividad propia del rubro automotriz. Significa realizar una periódica renovación de este material para así propiciar un funcionamiento óptimo del motor de la máquina, el auto. Es un acto de mantención, algo como una rutina necesaria. Pasado un tiempo más largo, es preciso cambiar también el filtro del aceite...

Partiendo de la referencia más directa del término, la muestra "cambio de aceite", desde el título en adelante, se propondría como un gesto que pretende renovar algo de la pintura nacional, cambiar en alguna medida uno de sus lubricantes, y, poniéndonos a la altura de las pretensiones del título, quizás la pintura, un motor del campo artístico considerado como una máquina.

Sin embargo, existe la posibilidad de pensar que el "cambio de aceite" se produce en una capa que excede a la unívocamente formal y material, implicando una lectura que lubrique, por ejemplo, las frecuentes nociones manejadas en relación a la pintura de los últimos 20 años en Chile, que ya es una parte de los "platos típicos y tradicionales". Sería meritorio que una curatoría pudiese ser capaz de realizar, más allá de las recopilaciones habituales, una relectura interesante de lo acontecido.


Carlos Altamirano

Lamentablemente, en términos generales, la exposición exhibe un des-criterio curatorial dado por una disposición y selección, que no apunta sino a destacar ciertos ejemplos de los devenires formales del género. Las lecturas que sugiere el recorrido por las salas no discrepan de los pocos libros y muchos catálogos publicados en Chile durante los últimos veinte años. Sin embargo, tampoco el recorrido apela a una revisión ordenada de los documentos del período. A pesar de encontrarnos en una sala con la ya clásica representación de la "post-vanguardia chilena", los demás ejemplos yacen dispersos y desmembrados por la planta baja del museo.

LAS OBRAS

Judith Jorquera realiza una operación cargada de avenencias con la historia del arte. Realiza una réplica de La Balsa de la Medusa de Géricault, la sumerge en las costas del mar chileno para luego rescatarla y devolverla al museo. La pintura, además de llenar la sala de olor a sexo, como diría un profesor, logra instaurar y localizar un "tema" de la pintura; el naufragio. De esta forma, tensiona implicancias del género pictórico con referencias históricas, donde el patetismo de una inmersión no le es ajena al contexto local.

En el hall central del museo se exhiben trabajos del fallecido Francisco Smythe, de Ismael Frigerio y de Cristián Marambio, mientras que por la retaguardia asoma un chillón muro verde acogiendo tres telas de Arturo Duclos. En la sala contigua, dos piezas en blanco y negro de Francisco Valdés, opacan con simpatía las ya muy manoseadas referencias de Enrique Gabler.

Por un asunto de gusto personal, he sentido cierta afinidad con el cerdito de Carlos Altamirano, el lienzo mayor en tamaño de Voluspa Jarpa y dos de las pinturas muertas de Natalia Barbarovic. También con la mesa de trabajo de P. Langlois.

Por lo demás, los escolares chorreos y graffitis en papel de cuaderno de Benmayor y Bororo me han causado una pequeña náusea, aunque nada insuperable.


Catalina Donoso

FranciscoValdes
   
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