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A pesar de su corta existencia, Nirvana pasó a ser una leyenda, y su vocalista y compositor absoluto, Kurt Cobain, se transformó en una especie de símbolo generacional, situación que él nunca buscó y que le incomodaba bastante, tanto que se le cita como una de las posibles causas de su suicidio en 1994. La música de Nirvana impactó de manera significativa en varias generaciones, pero se puede identificar una en la que ese impacto fue algo más notable: en la de los hijos de los hippies, los que quisieron llenar al mundo de flores pero fracasaron. Ahí fue donde llegó con mayor fuerza Nirvana, en la generación que empezó a tomar conciencia en un mundo muy distinto al que habían soñado sus padres, un mundo en el que ya estaban en plena marcha las políticas económicas ultra-liberales de Ronald Reagan, Margaret Tatcher y, en el plano local, de Pinochet y Hernán Buchi. La paradoja del asunto es que esos hippies, en su gran mayoría, se adaptaron a las nuevas reglas del juego, y de manera excepcional en muchos casos. Basta con echar una mirada a los directorios de empresas o a los cargos públicos importantes para encontrarse con nombres que alguna vez tuvieron que ver con movimientos bastante radicales, como el MAPU. Del Avanzar sin Transar, al Transar sin Parar, como dice irónicamente el subtítulo de El Chile Perplejo, de Alfredo Jocelyn-Holt. Pasando al tema del disco en sí, se trata de lo único que faltaba por editar sobre Nirvana: una colección de grandes éxitos. Ya se había hecho algo similar con From The Muddy Banks of the Wishkah en 1996, pero eran sólo temas en vivo. La otra gracia del disco es que incluye una canción "nueva" o, más bien, inédita, y que suena en las radios como single promocional. Se trata de "You Know You're Right". Claro que la verdad es que no es una canción que resulte totalmente nueva, porque hace tiempo que circulaba por Internet bajo distintos nombres. Ha habido, además, otras canciones inéditas que se han publicado en compilados no oficiales, como "Moist Vagina" y "I Hate Myself and I Want to Die". "You Know You're Right" tiene, sin duda, el sello Nirvana. Además, al volver a escuchar la voz de Cobain, queda en evidencia que los intentos por imitarlo han sido muchos, siendo Bush, Creed y Silverchair de los más conocidos. Está compuesta siguiendo una de las formulas más recurridas por la banda, es decir, una estrofa tranquila cantada por la dulce pero torturada voz de Kurt, y un estribillo fuerte, con un par de gritos "eeeh, yeah" que sirven para romper la apatía. Es un tema de carácter depresivo y sarcástico, que adquirió cierto rock durante los años '90, y que contrasta con el optimismo hippie. El resto de las canciones que se incluyen son los clásicos de siempre como "Smells Like Teen Spirit", que fue el que llevó a al agrupación a la fama, "About A Girl", una de las canciones viejas, y "Heart Shaped Box", incluida en In Utero, el último disco de estudio. El trabajo ve la luz luego de dos años de disputas legales entre Dave Grohl y Krist Novoselic, ex miembros de Nirvana, y Courtney Love, viuda de Kurt, por el control del material del grupo. Finalmente, las partes decidieron llegar a un acuerdo, que incluye la publicación de este disco, un video, y un set para coleccionistas. A esto se suma la edición de un libro que contiene notas y escritos de Kurt hechos durante las giras, y que recopilan muchos de sus pensamientos, angustias y malas experiencias con la droga. Los beneficios -US$- de publicar un disco como éste deben ser cuantiosos. Lo suficiente como para que haya valido la pena pagar abogados durante los dos años que duró el conflicto, además de haber tenido que involucrarse con los burócratas grises que habitan los juzgados por el mismo período de tiempo. La expectativa de poder recuperar la "inversión" debe haber estado siempre presente en la cabeza de los litigantes. Es de suponer, sin embargo, que en algún momento el costo aumentó demasiado, y en ese minuto valió más la pena llegar a un acuerdo ami$to$o. Después de todo, el gasto en abogados no podía superar los retornos proyectados por la venta de los discos, posters, poleras y toda la parafernalia ad-hoc. Business are business... No es que hacer homenajes como este esté mal. Tampoco se trata de hacer una condena moral al dinero. Pero, que estas personas se peleen como aves de rapiña hasta el último centavo que se pueda sacar de Nirvana es algo que tiene un sólo nombre: mala leche. |
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