CECILIA
BARTOLI; ARIAS ITALIANAS DE GLUCK
Ceclilia Bartoli, mezo-soprano
Akademie Fúr Alte Musik de Berlin
Dir: Bernhard Forck
Fragmentos de: La Clemenza di Tito, Il Parmaso Confuso,
Ezio, La Semiramide Riconosciuta, La Corona y Antígono,
obras de C. W. Gluck sobre libretos de P. Metastasio.
CD DECCA. Grabado en 2001
Duración: 1 h 7' |
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Leer
a conciencia una partitura para canto y, sobre todo, de ópera,
que pertenezca a algún compositor del siglo XVII o XVIII es un
arduo trabajo de investigación y conocimiento costumbrista de la
época. Diversas "pistas", tanto en la línea musical
de la orquesta como en la intensidad dramática que contenga el
trozo contra el que se acomete, indican al cantante el tipo de adornos
vocales que tiene que utilizar, mas sin estar éstos explícitamente
presentes. Solía suceder hasta los años ochenta -como herencia
quizás del verismo o el bel canto italiano donde cantar algo que
no sea lo estrictamente indicado sería una herejía-, que
las interpretaciones de este tipo de óperas se hacía tal
y como aparecían en la partitura lo que les quitaba una parte importantísima
de su riqueza musical, volviéndolas aburridas y repetitivas. Hace
algo más de unos quince años, sin embargo, se ha comenzado
a releer los tratados de canto de la época y los revisionistas
-y ahora casi todos los cantantes- han comprendido las usanzas de la época
e incluido en sus interpretaciones las formas desarrolladas durante más
de doscientos años de canto, hasta ese entonces suprimidos.
Lo
anterior explica, de cierta forma, el renacimiento y el creciente interés
que se está experimentando en estos momentos en las principales
ciudades del mundo, en lo que a la lírica se refiere, por la ópera
en sus formas más primitivas, volviendo con especial fuerza a montarse
empolvados Vivaldi, Monteverdi, Rameau, Lully y, por supuesto, entre otros,
los valiosos Gluck.
Compositor
de gran producción, Gluck gozó de gran fama en su época
como compositor y director y, sobre todo, por ser el primer gran reformador
de la ópera, que sentara las bases para lo que, incluso siglos
después, hicieron Mozart, Wagner o Verdi. Su firme oposición
al estilo barroco, de recargar excesivamente las partituras -libertad
cuya responsabilidad se dejaba al "buen gusto" de los cantantes,
que en general no era sino muy malo- lo encontró en tiempos de
gran revuelo en cuanto a lo artístico y a lo político, que
sentaron las bases del período que en la música se conoce
como clásico. Luego de componer basándose en los textos
de Metastasio -período al que pertenecen las óperas cuyos
números presenta Cecilia Bartoli en este disco- sobrevino el profundo
cambio propiciado por las ideas de Rousseau y su vuelta a la naturaleza
y los textos de su gran colaborador, el libretista Ranieri da Calzabigi.
Son de este último período sus obras más célebres
como Orfeo ed Euridice e Ifigenia en Aulis e Ifigenia en Tauris.
Es
en su afán de revivir obras poco exploradas y raramente grabadas
que Cecilia Bartoli -no me equivoco al afirmar, la más importante
cantante de nuestros días- buscó una continuación
a su disco de arias de Vivaldi, que le valiera enormes reconocimientos.
Fue en las óperas tempranas de Gluck donde encontró tierra
virgen que cultivar. Con el refinamiento absoluto de una técnica
que le pertenece a modo de marca registrada, y que le permite nunca sacrificar
la expresividad en pos del virtuosismo, Cecilia Bartoli prueba en estos
ocho números la altura de su minuciosa exactitud estilística
y dramática. Sólo con "Bernice che fai?", extraído
de Antigono (1756) -el track 8 del disco- alcanzaría para resumir
su talento y acierto al interpretar las obras que ahora aborda. Es que
lograr un grado tan sublime de expresividad con un recitativo es un desafío
de proporciones que Cecilia, vistiéndose de un personaje que podría
parecerle tan lejano, logra vencer con maravillante habilidad. La Akademie
für Alte Musik de Berlin, dirigida por su "konzertmeister",
Bernhard Forck, le proporciona un marco insuperable.
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