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27-11-2003
EL VIAJE DE CHIHIRO
 
Por Iván Pinto

EL VIAJE DE CHIHIRO
El viaje de Chihiro
Título original:
Sen to Chihiro no kamikakushi
País, año: Japón, 2001
Dirección: Hayao Miyazaki
Guión: Hayao Miyazaki
Música: Joe Hisaishi
Voces: Rumi Hiragi (Chihiro, Sen), Miyu Irino (Haku), Mari Natsuki (Yubaba, Zeniba), Takashi Naito (Padre de Chihiro), Yasuko Sawaguchi (Madre de Chihiro)
Duración: 125 minutos

A partir de Akira, de Katsuhiro Otomo, ha quedado claro que el mundo del cine animé guardaba todo un universo a explorar de directores y películas, enfocados a diversos tipos de público y de los más distintos niveles. Así, cuando en occidente los cómics y las animaciones aún eran mirados como un género menor dentro las artes, durante los 90 el ingreso masivo de estos géneros ha sido un fenómeno a analizar, considerando la falta de creatividad de una industria que, en lo grueso, ha bajado ostensiblemente la calidad. La premiación en el festival de cine de Berlín de esta hermosa cinta vino a confirmar dos cosas: por un lado oficializar que parte de la esperanza del cine y las imágenes del mundo muy posiblemente se guarde en estos géneros "menores" provenientes de Oriente y, segundo, que el ingreso a occidente de estos directores debe ser por la puerta grande.

Miyazaki es un autor, si entendemos por esto un director que tiene preocupaciones específicas y muy profundas para con el cine. Le interesa hacer películas para su gente, relatando historias que se encuentran dentro de sus propias esferas míticas. El viaje de Chihiro es, en gran medida, una historia que le debe mucho más a la tradición japonesa, sus creencias y formas de comprender y aprehender el mundo, la vida y la muerte (ese sustrato mítico que pareciera esconderse en el subconsciente) que a las archi repetidas convenciones blandas de héroes y malvados que se espera que traguen las maquinarias de imaginarios de occidente. Aquí esos binarismos quedan muy atrás en una historia donde cada personaje es un mundo a descubrir.

Miyazaki nos cuenta un cuento, el viaje de Chihiro hacia otro mundo, un lugar donde los espíritus, las brujas, ciudades y dragones viven bajo sus propias reglas, y donde no tiene cabida la lógica inmediata, sino sólo el espacio del mito, la sorpresa constante, y la extravagancia.

Una galería de personajes únicos, entrañables, tiernos y bellos desfilan en una historia contada de tú a tú, como en las mejores historias para niños que uno pueda recordar. La magia, la poesía, y la imaginación a raudales se despliegan en un espectáculo único, donde el trayecto mítico, un sueño que tuvo lugar en algún destello, pertenecen a un tiempo otro, el tiempo de los cuadros dibujados por Miyazaki.

El dibujo (en su estilización máxima), los colores (ensoñadores, claros, pincelados), el ritmo narrativo (en ascenso, pero dándose los tiempos para cada cosa), el excelente uso de las perspectivas y del movimiento (escenas de acción que construyen espacios ágiles, múltiples en su punto de vista), los múltiples detalles en los diseños y dibujos, la preocupación de estar atento siempre a lo central de la historia pero sin dejar de lado la sutileza, hacen darnos cuenta que estamos frente a una película mayúscula y ante una factura visual única donde la imaginación se entrega desde el primer minuto.

No queda más que estar contento porque, al fin, este tipo de filmes se estrenen en cine y a toda pantalla en nuestro país, que claramente necesita refrescarse con productos industriales -como este- de mayor calidad.

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