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TROYA
Titulo Original: Troy
País, año: Estados Unidos,
2004
Director: Wolfgang Petersen
Guión: David Benioff, Homero
(La Ilíada)
Actores: Brad Pitt, Peter O´Toole,
Orlando Bloom, Eric Bana, Diane Kruger
Música: James Horner
Dirección de Fotografía:
Roger Pratt |
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Querer
comparar Troya con La Ilíada
es como querer desentrañar verdades históricas
de los libros de Valerio Massimo Manfredi. Y esto sea
dicho sin ningún juicio de valor; ahí
donde la entretención se adueña de la
Historia se genera inmediatamente una reacción
de volver la mirada al período histórico
representado, ya sea desde perspectivas eruditas o,
las más, simplemente curiosas, llevadas por la
Moda. Y esto en ningún caso atenta contra la
Historia, sino que nos la recuerda, y la saca de ese
anquilosamiento escolar en el que permanece la mayoría
del tiempo; al menos les podemos poner rostros a nuestros
héroes.
De
esta forma, la última entrega de Wolfgang Petersen
(El Submarino, En la línea de Fuego,
Enemigo Mío, etc) hay que mirarla como
una fórmula de Hollywood que se está quedando
sin muchos más escenarios; algo que comenzó
con Corazón Valiente y que ha dado resultados
tanto económicos como de "crítica".
El enfrentamiento entre dos partes, dos pueblos, dos
reinos, dos mundos, dos religiones, entre el bien y
el mal, enfrentamiento motivado por el deseo de libertad,
por la ambición de unos pocos o por el simple
deseo de sobrevivir, como ocurre en El día
de la Independencia; este es el tópico al
que se recurre para efectuar despliegues dantescos de
extras o, en su defecto, sucedáneos humanos en
3D y salpicar de sangre el lente de la cámara,
para hacernos sentir ¿culpables? de estar pagando
por una matanza que efectivamente se realiza ante nuestros
ojos. A Troya puede seguir "Mapuches",
y las cosas no cambiarían. Lo preocupante sería
que un chileno hiciera esa película.
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Volviendo
al film hacemos un breve resumen; Paris (Orlando Bloom),
príncipe de Troya, rapta a Helena (con consentimiento
de esta) poco después de firmar un pacto de paz
con Menelao, su marido. La guerra es inevitable, pero
no se desata solo por la ira de Menelao, sino más
bien por la ambición del hermano de este, Agamenón,
que ve en la deshonra de Menelao una buena oportunidad
para invadir Troya, en su deseo de ampliar su imperio
y unificar Grecia. El único "pero"
en este plan es el díscolo Aquiles (Brad Pitt),
el mejor guerrero que haya conocido alguna vez la humanidad,
cuyas diferencias con Agamenón harán que
la guerra entre Troyanos y Aqueos sea para él
solo un telón de fondo sobre el cual desatar
sus rencores, venganzas y miedos, en una brutal búsqueda
de la gloria inmortal.
Gloria
inmortal
¿no eran los griegos quienes quemaban
a sus muertos inmediatamente, en una forma de "solemne
aniquilamiento y negación de la permanencia histórica"?
(Spengler, "La Decadencia de Occidente").
En ese sentido, y aunque he dicho que no sacamos mucho
excavando históricamente en un producto que se
dirige al entretenimiento, es preciso decir que el abuso
que se hace en los diálogos de la cuestión
"inmortal" en esta película desdibuja
y atenta contra la propia personalidad de los personajes,
en sus motivaciones y en la diégesis. En la época
de la gran guerra de Troya los motivos
pasaban por los tesoros, por el saqueo, por las pasiones,
en cambio, aquí se les da a los personajes voces
que no les pertenecen en los momentos cruciales que
viven; Aquiles ya sabe que será inmortal, y de
esta forma no hay obstáculos que obstruyan dicha
predestinación.
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Del
mismo modo, quería destacar el episodio del Caballo
de Troya. Sabemos que La Ilíada termina
con las fiestas fúnebres que Aquiles permite
a los Troyanos por la muerte de Héctor. El episodio
del Caballo, en cambio, es narrado por Eneas, sobreviviente
Troyano, en La Eneida. Tomando eso en cuenta,
Petersen hace desaparecer repentinamente a los griegos
y nos muestra la invasión final a Troya
desde la perspectiva de los Troyanos.
Para
terminar, Troya es una película
de "hombres", sin Dioses, como una especie
de La Pasión de Cristo, donde el carácter
sobrenatural de dos hijos de dioses, en este caso Jesús
y Aquiles, queda demostrado por actos, comportamientos
y capacidades jamás logradas por algún
otro hombre, pero actos humanos, al fin y al cabo.
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