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TE
DOY MIS OJOS
Director: Icíar Bollaín
Reparto: Laia Marull, Luis Tosar, Candela
Peña, Rosa María Sardà,
Kiti Manver, Sergi Calleja |
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Sin
bombos ni platillos llegó a Chile la ganadora
absoluta de los premios Goya 2004, y con razón.
Siempre son bienvenidas las películas que muestran
realidades sociales como un modo de acercamiento a ellas,
que quizás de otra manera no tendríamos.
En un país donde mueren alrededor de ochenta
mujeres al año víctimas del maltrato resulta
comprensible que Bollaín tomara este contexto.
Pero, al parecer, el valor de la temática la
hizo olvidar la puesta en escena.
"Te
doy mis piernas, mi espalda, mis orejas, mi nariz, mis
ojos" dice Pilar mientras hace el amor con Antonio
-su marido. A pesar de ser su víctima, se entrega
en cuerpo y alma. Dicen que los ojos son el reflejo
del alma, por su parte Antonio cree que en ellos se
observa la verdad. Ella se da incondicionalmente como
"buena esposa", pero ambos anhelan un romanticismo
pasado que se hace fugaz en la cotidianidad. Sin embargo,
como espectadores no tenemos claro cuán felices
fueron, a qué romanticismo aspiran, a qué
pasado, a qué verdad.
Es
cierto, muchos nos hemos sumido en círculos infinitos
de nostalgia descuidando el ahora, pero el relato se
mueve en círculos concéntricos dentro
de un presente narrativo que se vuelve repetitivo, que
sugiere causas y violencia sin hacerlas manifiestas.
Es innegable que es un mérito causar miedo sin
mostrar maltrato explícito, pero lamentablemente
el cine se sostiene con imágenes y aquí
las sugerencias constantes hacen que nos paseemos por
los mismos lugares, las mismas situaciones (incluso
las elipsis se vuelven confusas), los mismos deseos
de escapar y no poder, de rehabilitarse y no poder.
Aunque los une el deseo carnal, presenciamos una constante
represión del deseo, que se mueve siempre en
lo mismo.
Asistimos
a una fábula donde nos quieren tratar de enseñar
cómo debería ser el verdadero amor. Así,
escuchamos los innumerables consejos de un psicólogo.
Vemos contrapuesta a Pilar a su hermana -Ana-, que figura
como un modelo. Ana es la mujer que hace lo que quiere,
decide libremente y se casa con el hombre que desea
sin importar la opinión de los demás.
En ella se da la relación inversa, observamos
un marido que recién casado no tiene mayor trascendencia
en la vida de su mujer, y auguramos un futuro subyugamiento.
Pero el ejemplo a seguir no debería haber sido
el estereotipo de mujer liberal; probablemente es imposible
mostrar modelos de pareja, pues el perfecto resultaría
digno de otro tipo de películas. Creo que simplemente
habría resultado más lógico lograr
la oposición con una pareja que respetando libertades
lograra la complementariedad. Quizás dentro del
compromiso social, el objetivo era mostrarnos que todos
los extremos son malos. No lo sé.
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