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ROBANDO
VIDAS
Título original: Taking Lives
País, Año: EE.UU, 2003
Director: DJ Caruso
Elenco: Angelina Jolie, Kiefer Sutherland,
Ethan Hawke, Olivier Martínez, Jean-Hugues
Anglade
Duración: 118 minutos
Estreno: 15 de abril de 2004 |
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La
estela dejada atrás por un formato de una película
de suspenso tan interesante como El silencio de los
inocentes se ha desgastado de forma increíble.
Es algo impresionante. La falta de un proyecto consistente
a la hora de elaborar un guión que mantenga a
los espectadores en ciernes sobre la identidad del asesino,
y los sustos fisiológicos otorgados por suspensos
repentinos, ha dado botes lamentables en las nuevas
horneadas de cine de suspenso. La diferencia de horror
y terror en sus acepciones nos demuestran que el horror
está un paso adelante del terror, en cuanto el
horror proporciona un efecto de tal magnitud en la persona
que puede incluso detener el corazón. La somatización
de este efecto en las películas de la fabrica
hollywoodense se ha banalizado de tal forma que es perseguido
afanosamente en los thrillers estadounidenses -vía
sustos repentinos- sin resultado. De hecho, lo único
que se ha logrado son películas como programa,
donde cada acción cometida obedece a una trama
premasticada, que deja poco y nada al espectador. Ni
siquiera derecho a asustarse.
Éste
es el lamentable caso de Robando Vidas,
cuya premisa es simple: un asesino en serie que, disgustado
con su infancia, odiando a su madre por favoritismos
con respecto a su hermano gemelo, es llevado a matar
a personas con escasa vida social, característica
que le permite "suplantar su identidad". De
ahí el titulo de la cinta.
Illeana
Scott (Angelina Jolie), agente del FBI, es invitada
a Montreal por el departamento de investigaciones canadiense
para perseguir al asesino, ya que en la tranquila Canadá
rara vez se ven enfrentados a este tipo de atrocidades.
Su inclusión se justifica por sus capacidades
poco ortodoxas de seguir la pista de los asesinos en
serie que Estados Unidos produce en masa. Estas capacidades
incluyen pegar fotos de escenas del crimen en la tina,
desayunar mirándolas, y acostarse a meditar en
la escena del crimen (no me pregunten qué tipo
de capacidades de pesquisa son esas; parecen sacadas
del Reiki, más que de Criminalística).
La
cinta y sus realizadores, en busca de un tratamiento
innovador de suspenso, sólo consiguen en limpio
escenas desnudas -totalmente innecesarias- de Jolie
(bueno, no tanto), y los buenos-que-resultan-ser-malos
de turno.
Aparte
de eso, sólo merece ser rescatada la escena inicial,
que consigue, favorablemente, borrar las pistas de una
cinta de género, generando sensaciones en el
espectador de genuino extrañamiento ante la película.
De hecho, podríamos considerarlo un estupendo
cortometraje; una buena idea, extensible a un largometraje.
Lamentablemente, no es el caso de esta nueva horneada
de la Fábrica.
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