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C I N E
15 de julio de 2004
ONCE HABITACIONES Y UN MUEBLE
Por Milenko Skoknic Dockendorff
ONCE HABITACIONES Y UN MUEBLE
Pais, año:
España, 2003
Directores: Samuel Restucci, entre otros
Fecha de estreno: 06 de Julio
Lugar: Cine Arte Alameda

Personalmente, creo que el mejor estímulo para todos aquellos que tienen ganas de hacer una película sobre algo, cualquier cosa, es ver películas artesanales y cortometrajes de estudiantes de cine. La educación más inmediata para comprender y apreciar esta estructura narrativa que hemos llamado lenguaje cinematográfico, con sus articulaciones, triquiñuelas y efectos, es ver material audiovisual semi-profesional, amateur y ejercicios universitarios.

Una película se torna interesante y genera un espacio de emoción magnética (quedarse pegado) cuando ha perdido el rumbo que el espectador ha trazado en su mente antes de verla. Y para apreciar con claridad el pegamento visual con el que se hace un armado de ficción, nada mejor que ver películas mal armadas, sueltas, ultra apretadas, flácidas, o bien enigmáticas, oscuras, simples o complejas.

Bajo esta premisa, Once Habitaciones y un Mueble es un proyecto que consiste de once cortometrajes y un mediometraje, éste último titulado WAHA. Trata sobre dos marroquíes sin papeles en Barcelona, y sus merodeos por una ciudad hiper-policializada. La cinta es interesante por su uso de planos cerrados y de estilo documental, aunque el pulso de la historia decae con el exceso de afán de registro, dejando de lado una puesta en escena que amarre el conjunto, lo que termina por ser tedioso y dejar un sinsabor visual. No obstante, la película se vuelve autoconsciente de sus excesos, por lo que toma un rumbo inesperado al mezclar tomas documentales de disturbios e intercalarlos en la ficción, formando un rico pastiche que pavimenta con logrado mérito su posterior desenlace, que es su aspecto más interesante. Es decir, hay dos maneras de happy ending: la muerte del malo, la reconciliación, y otras soluciones que estamos acostumbrados de ver, y ésta. La última es más arriesgada, por supuesto, pero interesante de ver, ya que pone en evidencia nuestra expectativa de la suspensión de realidad que supone toda experiencia fílmica.

Entre los cortos, la gran mayoría experimentales y tocando el tema de la inmigración y la políticas soft-xenófobas, destaca la animación realizada por el chileno Samuel Restucci para un grupo español. Podríamos decir que mientras la mayoría del material expuesto en Once Habitaciones y Un Mueble es una mirada sofocante, mediada por la economía de recursos, sobre vivir en una cuidad europea, el trabajo de Restucci es una mirada de vuelo de pájaro que complementa la parada terrenal del resto de sus compañeros.

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