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OCÉANOS
DE FUEGO
Título original: Hidalgo
País / Año: Estados Unidos,
2004
Director: Joe Johnston
Guión: John Fusco
Reparto: Viggo Mortensen, Zuleikha
Robinson, Omar Shariff
Dirección de fotografía:
Shelly Jonson
Música: James Newton Howard
Duración: 135 minutos
Estreno: 15 de abril de 2004 |
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Joe
Johnston, autor de películas tan entrañables
como Querida, encogí a los niños,
Rocketeer y October Sky, vuelve con Hidalgo,
protagonizada por Viggo Mortensen (El Señor
de los Anillos), película de aventuras con
un aire decididamente a lo Indiana Jones (Johnston
dirigió varios capítulos de la serie del
Joven Indiana para la pantalla chica), pero alejada
de ese género por la madurez de una historia
que, talvez por su fuente autobiográfica, se
siente algo más cercana, pese a todos los ingredientes
épicos que la construyen.
En
rigor, debería decir que la película está
co-protagonizada por Mortensen y el caballo "Hidalgo".
Más aún, esta es una historia de caballos,
algo así como un esbozo de la historia del hombre
desde la perspectiva de este animal. El argumento intenta
destacar, por un lado, su dimensión sagrada,
presente tanto en las culturas orientales como en las
indígenas pre-inglesas de Norteamérica,
y por el otro su simbología, como alegoría
de conquista, de poder.
La
historia nos presenta a Frank T. Hopkins, personaje
histórico que vivió en el oeste de fines
del siglo XIX, mestizo de madre india. Frank y su caballo
"Hidalgo", de raza impura o Mustang (que quiere
decir "sacado de lo salvaje", o algo así),
conforman un legendario dúo, ganador de carreras
de larga distancia y al servicio del correo militar.
Un día deben llevar la orden para trasladar una
tribu a una reserva, acción que termina en una
masacre por parte de los militares. Desde entonces Frank
se hunde en la humillación de trabajos circenses,
representaciones que muestran grandes peleas y triunfos
heroicos, alejándose de las cobardes matanzas
que conociera. Todo esto cambia cuando un representante
del Sheik Riyadh (Omar Shariff) desafía a Frank
a competir con su caballo en la "Gran Carrera de
los Océanos de Fuego", milenaria prueba
de 5.000 kilómetros a través de los más
hostiles paisajes del Medio Oriente. Todo esto para
conservar el honor de la raza de caballos del Sheik
por sobre el impuro "Hidalgo". Además,
por supuesto, de un suculento premio.
El
gran tema de la película se desarrolla entonces
en el marco de esta gran carrera; la clásica
búsqueda de la identidad, del origen, del lugar
al cual pertenecer. Tanto Frank como Hidalgo llegan
a la Carrera como indignos. El caballo lo es por su
raza dudosa. Frank es indigno por partida doble; por
un lado está su sangre, mitad india mitad inglesa,
y por el otro el hecho que profese una religión
distinta a los nativos. Es esta desventaja la que los
sitúa como héroes en el sentido clásico
de la palabra; hombres (y animales) que demuestran que
es la fortaleza del espíritu lo que lo hace digno,
no la sangre. Hacia este fin dedica Frank todas sus
destrezas, no dejando que nada se interponga, blandiendo
una moral que incluso llega a la abstinencia, no teniendo
relaciones físicas de ningún tipo con
las heroínas o villanas de turno.
La
historia de Frank Hopkins, en definitiva, es ese tipo
de historias, tan caras al la industria cinematográfica,
acerca de seres de carne y hueso que aprendieron algo
en sus vidas al amparo de una vertiginosa existencia,
avalando así la importancia y el valor moral
de las Experiencias como fragua del espíritu.
Como Hunter S. Thompson en Pánico y Locura en
las Vegas, como Frank Abagnale Jr. en Atrápame
si Puedes y el propio John Nash en Mente Brillante son
ese tipo de personas que uno quisiera ser por al menos
algunas horas. Es el cine el que nos da la engañosa
oportunidad de poseerlos y devorar sus propios peregrinajes
espirituales, sus idas y sus vueltas, sus arcos de transformación
de toda una vida en apenas dos horas de proyección.
Lo
más débil de la película es, y
no podía ser otro modo, la visión oriental
que nos ofrece como contexto, como telón de fondo.
Esa ley del Talión que casi le cuesta caro al
protagonista parece extenderse a todo el comportamiento
árabe de la cinta, salvo en las figuras chochas
y universalmente buenas del abuelo y la hija sumisa
pero con voluntad. De todas formas, es imposible pensar
que una película norteamericana dará una
visión menos caricaturizada sobre la zona que
alberga la mayoría del "eje del mal",
menos aún con los tiempos que corren, donde el
extremismo mediático ha creado un ambiente de
susceptibilidad y mecha corta que se enciende con cualquier
provocación.
Obviamente,
todo el cine norteamericano se adscribe a un plan mucho
mayor de propaganda, donde no se pierde la oportunidad
de inyectar con algo de odio (con el propio odio norteamericano)
los ojos de árabes, islámicos o fundamentalistas
que aparecen en sus entretenidas cintas. No obstante,
en esta película al menos se crea un interesante
paralelismo entre la barbarie oriental y occidental,
pero claro, refiriéndose a los albores de la
patria gringa, en tiempos en que su maldad no se comparaba
ni remotamente con la que son capaces de mostrar impunemente
hoy por hoy. De todas, formas nuestro protagonista es
un cowboy, un sheriff, un estadounidense con sangre
india que fue a oriente, les ganó a todos y de
paso les enseñó un par de cosas sobre
la vida, imponiendo su manera de ver las cosas. Y al
fin y al cabo, eso no está tan mal, pero a veces
inquieta pensar en las verdaderas intenciones que llevan
a hacer una película así.
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