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NADAR
SOLO
Año, país: Argentina, 2003
Director: Ezequiel Acuña
Musica: Jaime Sin Tierra, Marcelo Ezquiaga
Protagonistas: Nicolás Mateo,
Santiago Pedredo, Antonella Costa, Tomás
Fonzi, Mónica Galán, Manuel
Callán
Duración: 102 minutos |
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La
adolescencia es una etapa de lucidez en la vida. No
por las decisiones acertadas que debemos tomar para
el mundo adulto, todo lo contrario, es cuando la vida
pareciera presentársenos con total desnudez,
cuando nos damos cuenta por primera vez que estamos
realmente solos. Filmar esa paradoja (el darnos cuenta
que nada en el mundo se parece a lo que se dijo que
iba a ser) y lograr de ella una experiencia cinematográfica,
sólo a partir de los detalles, de una mirada
que no perdona porque no deja escapar nada de lo esencial
(no por mostrar, si no por su criterio de selección)
es un hecho lo suficientemente importante como para
estar felices que, en el panorama actual del cine, aún
hayan cintas pequeñas como éstas que logran
del hecho de ver imágenes una experiencia vital,
necesaria, humana.
Nadar
Solo es una película sobre eso y mucho
más. Ezequiel Acuña, su director, logra
establecer una estrategia de acercamiento precisa, sin
grandes énfasis dramáticos (todo lo "importante"
para el texto dramático pareciera ocurrir en
off) pero, en ese sentido, absolutamente cinematográfica,
en un entramado narrativo que parte muy de a poco y
se va "adentrando" en la historia, dando su
primer giro narrativo por la mitad de la cinta, lo que
resta en tensión narrativa pero suma en un retrato
minucioso de los gestos, las situaciones y ese estado
siempre potencial, previo, trastabillante del personaje.
Un
aire taciturno, ausente y, sobre todo, interrumpido
de Martín inunda toda la cinta. Como si palabra
y cuerpo fuesen cosas irreconciliables, pareciera que
la vida de Martín pasa frente a sus ojos, dejando
para otro momento las decisiones impositivas, urgentes
del mundo "adulto". Martín pareciera
estar en otro lado, frente al mar, intentando descifrar
sueños que se le vienen a la mente como mensajes
secretos a su vida. Asistimos (como elegidos) a momentos
algo tristes en la vida de Martín, que sin apuros
y sobre todo mediante ese arte que es el uso del fuera
de campo, nos empiezan a llenar de algo nuevo, completamente
renovador.
Nadar
Solo es, también, una cinta sobre lo
que recordamos de las cosas (los detalles, rincones,
gestos, sensaciones) y la posibilidad de hacer de ello
(del hecho de observarlas, retenerlas desde su superficie)
algo cinematográfico.
El
único material para hacer cine debería
ser ese. A fin de cuentas no hay otro.
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