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C I N E
19 de agosto de 2004
LAS TRILLIZAS DE BELLEVILLE
Por Eduardo Murillo
LAS TRILLIZAS DE BELLEVILLE
Título original:
Les Triplettes de Belleville
Director: Sylvain Chomet
Productor: Didier Brunner
Diseño: Evgeni Tomov
Animadores: Jean- Christophe Lie y otros
Música: Benoit Charest
 

Llega uno de los estrenos más originales y refrescantes en lo que va del año, Las Trillizas de Belleville. Tratada con una oblicuidad y geometría extrema, la visualidad de esta película nos pone frente al modesto mundo de Champion y su abuela Madame Souza, cuyos días pasan sacudidos por trenes y dedicados al entrenamiento de Champion para el “Tour de France”. Y es en esta emblemática y sagrada tradición del pueblo francés donde unos gangsters raptan a tres de sus rezagados participantes para oscuros designios, uno de los cuales es Champion, lo que provocará que su abnegada abuela emprenda un viaje Gulliveriano para rescatarlo, ayudado por las Trillizas de Belleville, otrora ídolas del Music may, hoy octogenarias que comen ranas y se divierten a lo Stomp.

Tal vez por el hecho de haber sido nominada este año al Oscar como mejor película animada junto a Buscando a Nemo y Tierra de Osos, esta cinta puede generar ciertos prejuicios o, al menos, confusiones que es mejor despejar de entrada; la única semejanza entre esta cinta, realizada por la francesa Sylvain Chomet y las nominadas de Pixar y Disney respectivamente, es la categoría que compartieron. Sin desmerecer, por supuesto, a estas entretenidas cintas.

Seríamos, en cambio, mucho más acertados al hablar de conexiones entre “Las Trillizas” y el imaginario de las cintas del director Hayao Miyazaki, autor, entre otras, de La Princesa Mononoke y El Viaje de Chihiro, esta última recientemente en nuestras pantallas. La cinta se emparenta con películas que ofrecen una materia de expresión visual que no busca llevar a los niños a sus camas con mejores sueños, sino todo lo contrario. O, como prefieren afirmar los alarmistas, películas animadas adultas. Afortunadamente, en los últimos años hemos visto liberado a este tipo de cine de la infantilización a la cual estaba canónicamente ligado desde un comienzo y, para nuestro provecho, las fronteras entre cine de animación, cine de arte y ensayo, cine erótico y cine infantil se desdibujan y se reagrupan en nuevos e insospechados subgéneros.

Podemos afirmar que el cine de animación ya no se polariza entre la animación infantil clásica y la animación adulta, entendiendo por esta última al Hentai, Sailor Moon versión hardcore, la ultra violencia, etc. Hoy, y desde Fritz el Gato o Heavy Traffic, se hace innegable la presencia de un cine de “monitos” intermedio, “serio”, donde la audacia del trazo puesto en movimiento convoca, cual perturbado hechicero sobre una pócima alucinógena, imágenes, mundos y construcciones espaciales y temporales “aberrantes” que le son propias a este medio de expresión; mundos sobre los cuales viene reclamando hace ya tiempo su derecho de Creador.

Siempre he pensado que para lograr la simpleza en el arte no es imperativa una economía de recursos. El cine de animación es una profusión de puntos y rayas, al igual que el cine de ficción es una suma infinita de granos o aluros de plata; nuestra limitada visión nos lleva a ver manchas de luz o sombra agrupadas homogéneamente. Maldita la frase minimal-deco de “poco es mucho”. En Las Trillizas de Belleville todo se mezcla en grandes cantidades; géneros, paisajes, política interna e internacional, ficción, sueños, animación e imagen “real”, etc. Y, sin embargo, el resultado es tan nítido, tan dúctil al entendimiento y a todas sus posibles lecturas, que ni siquiera fue necesario subtitular el film (de todas formas, casi no hay diálogos en el idioma original). Espero que el boca a boca de quienes vean la película no propale este punto peyorativamente.

PD: La banda sonora es excelente, el single “Belleville Rendez Vouz” es de lo mejor que he escuchado este año.

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