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LA
PASIÓN DE CRISTO
Título original: The Passion of
The Christ
País, año: Estados Unidos,
2004
Director: Mel Gibson
Protagonistas: James Caviezel, Monica
Bellucci, Rosalinda Celentano, Sergio Rubini,
Mattia Sbragia, Claudia Gerini, Luca Lionello
Fotografía: Caleb Deschanel
Música: John Debney
Duración: 126 minutos |
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Hace
bastante tiempo que el cine religioso había pasado
a transformarse en una perdida parcela de la historia
del cine, cuando no, en una buena muestra, añeja
y archivada, de antiguos montajes y técnicas
fotográficas. Pues no es un misterio para nadie,
que las películas inspiradas en pasajes de las
Escrituras, sólo eran destinadas a copar la necesitada
programación de la televisión en Semana
Santa. Con ese pensamiento, y una serie de polémicas
sobre su contenido y mensaje, arribó a Chile
La Pasión de Cristo del también
actor Mel Gibson, basada en exclusivo en el texto
de los cuatro evangelios (San Juan, San Mateo, San Lucas,
San Judas) aprobados por la Iglesia.
La
cinta, fuera de suspicacias, más inventadas que
reales, confirma a Gibson como un esclarecido cineasta,
en un puesto de avanzada dentro de su generación.
Nos encontramos en La Pasión de Cristo
para citar una obra anterior del director, con la misma
cámara de Corazón Valiente, el
mismo tono épico, la misma potencia narrativa
(indispensable para una buena adaptación de un
texto llevado al celuloide) y una puesta en escena envidiable
hasta para el mejor novelista naturalista. Cinematográficamente
hablando, el film es una delicia, tanto por su iluminación
como por la calidad fotográfica desplegada en
cada segundo, la pulcritud de los vestuarios, y la creación
de un tiempo fílmico que escapa al cronómetro
de la realidad. En otras palabras, somos víctimas,
dentro de la Sala, de un suceso que se aísla
del universo y nos sustrae como por encanto en la lógica
del Cine.
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La
Pasión de Cristo es la representación
detallada del sufrimiento de Jesús (las postreras
doce horas de su vida terrenal), el recorrido de su
triunfo final sobre sí mismo para redimir el
pecado, la secuencia del destino último y significado
radical de su existencia. Cristo no existe sin su muerte,
su vida no alcanza su verdadera finalidad sin el castigo
recibido y posterior crucifixión. La vida de
Cristo es por esencia su muerte. Pasión emana
del griego Pathos, que significa dolor, sufrimiento.
Gibson, entonces, pretende re-crear el sacrificio de
ese Dios hecho hombre. Porque la pasión de Cristo
también es la entrega por la que vivió.
Me parece que ése, y no otro, es el leit motiv
de la cinta e intención verdadera de su director.
Se equivocan las opiniones alarmadas que señalan
el film como una cacería de brujas desesperada
para decirnos que el pueblo judío asesinó
a Cristo. Porque Cristo tenía que morir
y no importaba quiénes fueran sus ejecutores.
La crueldad de las escenas es sobrepasada por el verdadero
sentido de su existencia, no debemos olvidarlo.
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Sobre
el trabajo de los actores, Jim Caviezel (La delgada
línea roja) cumple satisfactoriamente regalándole
su humanidad al arquetipo de Cristo. Su rostro noble
y resignado, melancólico con una nostalgia de
absoluto, se acerca a la imagen que nos hemos hecho
todos alguna vez de la estampa misericordiosa que pudo
haber tenido. Un acierto de Gibson, sin lugar a dudas,
escogerlo para llevar a cabo tan delicada interpretación.
Otro punto lo constituye la personificación de
la arrepentida María Magdalena, por parte de
una perturbadora Mónica Belluci (un guiño
velado a Martin Scorcese): como si el dolor físico
no fuera suficiente, una probable tentación carnal
que no sería menor.
Finalizando,
La Pasión de Cristo será
recordada como un film que formará un accesorio
del inventario colectivo, que pasará a ser un
referente obligado del cine de principios de siglo,
tal como en su día lo fueron (en otro ámbito),
Lo que el viento se llevó, Espartaco, Ben-Hur,
y Titanic, recientemente. No puede dejar de verla.
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