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C I N E
28 de abril de 2004
DEL FESTIVAL DE CINE LATINOAMERICANO EN TOULOUSE
Por Erick González, desde Francia

B-Happy

Al sur de Francia se lleva a cabo en Marzo de cada año el Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse. A pesar del impacto que tiene este festival en la difusión y el financiamiento del cine latinoamericano, al parecer, pocos en Chile se han enterado de su existencia. No es el caso, por ejemplo, de los argentinos, quienes amenazan con desbordar la programación del festival con sus películas y los encuentros con la presencia de realizadores, actores y productores. Así es como este año el cuarenta por ciento de la programación se la repartieron solo entre ellos. No se me escapa ni que nuestros vecinos trasandinos producen 6 o 7 veces más cine que Chile, ni la belleza y madurez de sus películas de los últimos años. Pero, en mi opinión hay algo más, algo que no cuaja para nosotros y que tiene que ver con la desinformación y la carencia de contactos y lazos que nadie se ha dado el trabajo de establecer en Chile. Me pregunto si el problema es que en Chile hacer cine aún se queda demasiado en la noción de solo hacer películas y, así, la mayoría de quienes quieren hacer cine intentan hacer solo eso, las películas, sin interesarse por otros espacios como la distribución, la difusión, la publicación, etc.

Pero volvamos al festival, que es de lo que quería hablar… No, no se trata sólo de un problema de superioridad (cuantitativa o cualitativa), porque cierto es que muchas de las películas exhibidas en el festival mejor se hubieran quedado bien guardadas en sus respectivas latas, o eso por lo menos en favor de espectadores como yo que me he tenido que mamar unas cuantas porquerías. Sin embargo, más allá de la satisfacción o desagrado de las pupilas expectantes, muchos directores encuentran aquí un impulso, un punto de inicio -o un punto intermedio- para iniciar o continuar un proyecto. Hay que decirlo: he visto cómo en este festival el alma más desoladoramente carente de talento ha encontrado quien la aprecie, quien se interese por su trabajo. En todo caso, no me importa especialmente si los intelectualoides franceses no saben ver nuestro cine (o saben hacerlo a su manera, bien exotista) o si dentro de lo que ven, prefieren un melodrama a mitad telenovelesco. Aquí, el que la busca la encuentra y luego, para bien o para mal, el publico decide.

No me malentiendan, el Festival guarda una calidad ventajosa, pero la verdad es que su importancia no es esa, es la variedad, su prioridad por los primerizos, el esfuerzo de sus organizadores por sacar adelante proyectos y el espacio que abre para el encuentro de personalidades del cine latinoamericano. De aquí salen nuevas distribuciones, coproducciones, ideas de proyectos en conjunto, afinidades que quién sabe si dan paso a algo concreto. Un director peruano se entusiasma con la película de un mexicano y vise y versa y, quién sabe, un actor argentino aprecia la película de un director chileno y le ofrece actuar en alguna próxima producción, un colombiano y un argentino salen escribiendo un guión juntos y un par de uruguayos le dicen a un chileno que tienen un guión que le iría bien dirigirlo a él y así...


25 watts

Pues todo esto para decirles a quienes todavía son tan tímidos que más vale intentar y tantear terreno que quedarse arrinconados para siempre por debajo del paralelo 20. Una amiga a quien le envié esta nota encontró la palabra con la que yo no había dado. "Esa cosa tan provinciana" lo llamó ella. Y claro, así es, y no es que ser provinciano esté mal, tampoco lo es cuando se trata de hacer cine, pero en ese caso, que sea una opción y no una frustración.

Así, este año aparecieron por Toulouse Matías Bize con su película y Manuela Martinelli representando a B-Happy. Matías me aclara -y he aquí aun la constatación de lo antes dicho-: "fue gracias a que el director argentino Ezequiel Acuña (director de Nadar Solo) me pasó el dato que envié mi película y me la seleccionaron". Si a Matías le llego dicha voz no será por casualidad. También llegaron hasta Toulouse Sub-terra, Tres noches de un Sábado, Los debutantes y El Leyton, pero sin representación de ningún tipo. Sábado, una película en tiempo real, se llevó más de un par de aplausos, comentarios de pasillos y elogios.

Pero lo más importante es que gracias a que Matías Bize se presentó personalmente con su película, se abrió la posibilidad del dialogo directo y algunos distribuidores franceses y latinoamericanos se acercaron ofreciéndole una eventual distribución y, de paso, Cahiers du Cinema lo entrevistó para un articulo, además de un sinnúmero de intercambios con otros directores latinoamericanos, productores, y todos los etc. Y que no se diga que trata de buscar farándula, porque el joven director chileno estaba más asombrado que nadie cuando se le acercaban a pedirle una entrevista, a elogiarle su película u ofrecerle una distribución. Es que este festival no se viste de etiqueta ni celebra fastuosos brindis conmemorativos, aquí todo el mundo se sienta a las mismas mesas de un comedor improvisado en una carpa y ahí te encuentras a todo el mundo: directores, teóricos, periodistas, estudiantes, actores, productores, público, distribuidores y todos toman el mismo repugnante vino (al menos bajo el abrigo de dicha carpa).

La reflexión final dice que es lamentable que para poder ver cine latinoamericano haya que arrimarse hasta acá. Quisiera sólo nombrar algunas satisfactorias sorpresas que he tendio, como la película boliviana Dependencia Sexual (haz caso omiso al título y ya verás con qué te encuentras) de Rodrigo Bellot; la peruana Los días de Santiago de Josué Méndez; la uruguaya 25 watts codirigida por Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella (aunque creo que esta sí fue estrenada en Chile), las argentinas Ana y los otros y Los rubios de Celina Murga y Albertina Carri y otras menos sorpresivas como Los Guantes Mágicos de Martín Rejtman y El abrazo partido de Daniel Burman. A ver si algún distribuidor se anima a arriesgarse con ellas en Chile. Si así no fuera, que sirva esta referencia para los curiosos que se empeñan en saber qué se está haciendo en Latinoamérica, para que las puedan ver a través de medios más rebuscados que la exhibición en salas; así como van las cosas, no nos quedará otra opción.

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