
B-Happy
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Al
sur de Francia se lleva a cabo en Marzo de cada año
el Festival de Cine Latinoamericano de Toulouse.
A pesar del impacto que tiene este festival en la difusión
y el financiamiento del cine latinoamericano, al parecer,
pocos en Chile se han enterado de su existencia. No
es el caso, por ejemplo, de los argentinos, quienes
amenazan con desbordar la programación del festival
con sus películas y los encuentros con la presencia
de realizadores, actores y productores. Así es
como este año el cuarenta por ciento de la programación
se la repartieron solo entre ellos. No se me escapa
ni que nuestros vecinos trasandinos producen 6 o 7 veces
más cine que Chile, ni la belleza y madurez de
sus películas de los últimos años.
Pero, en mi opinión hay algo más, algo
que no cuaja para nosotros y que tiene que ver con la
desinformación y la carencia de contactos y lazos
que nadie se ha dado el trabajo de establecer en Chile.
Me pregunto si el problema es que en Chile hacer cine
aún se queda demasiado en la noción de
solo hacer películas y, así, la mayoría
de quienes quieren hacer cine intentan hacer solo eso,
las películas, sin interesarse por otros espacios
como la distribución, la difusión, la
publicación, etc.
Pero
volvamos al festival, que es de lo que quería
hablar
No, no se trata sólo de un problema
de superioridad (cuantitativa o cualitativa), porque
cierto es que muchas de las películas exhibidas
en el festival mejor se hubieran quedado bien guardadas
en sus respectivas latas, o eso por lo menos en favor
de espectadores como yo que me he tenido que mamar unas
cuantas porquerías. Sin embargo, más allá
de la satisfacción o desagrado de las pupilas
expectantes, muchos directores encuentran aquí
un impulso, un punto de inicio -o un punto intermedio-
para iniciar o continuar un proyecto. Hay que decirlo:
he visto cómo en este festival el alma más
desoladoramente carente de talento ha encontrado quien
la aprecie, quien se interese por su trabajo. En todo
caso, no me importa especialmente si los intelectualoides
franceses no saben ver nuestro cine (o saben hacerlo
a su manera, bien exotista) o si dentro de lo que ven,
prefieren un melodrama a mitad telenovelesco. Aquí,
el que la busca la encuentra y luego, para bien o para
mal, el publico decide.
No
me malentiendan, el Festival guarda una calidad ventajosa,
pero la verdad es que su importancia no es esa, es la
variedad, su prioridad por los primerizos, el esfuerzo
de sus organizadores por sacar adelante proyectos y
el espacio que abre para el encuentro de personalidades
del cine latinoamericano. De aquí salen nuevas
distribuciones, coproducciones, ideas de proyectos en
conjunto, afinidades que quién sabe si dan paso
a algo concreto. Un director peruano se entusiasma con
la película de un mexicano y vise y versa y,
quién sabe, un actor argentino aprecia la película
de un director chileno y le ofrece actuar en alguna
próxima producción, un colombiano y un
argentino salen escribiendo un guión juntos y
un par de uruguayos le dicen a un chileno que tienen
un guión que le iría bien dirigirlo a
él y así...
25
watts
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Pues
todo esto para decirles a quienes todavía son
tan tímidos que más vale intentar y tantear
terreno que quedarse arrinconados para siempre por debajo
del paralelo 20. Una amiga a quien le envié esta
nota encontró la palabra con la que yo no había
dado. "Esa cosa tan provinciana" lo llamó
ella. Y claro, así es, y no es que ser provinciano
esté mal, tampoco lo es cuando se trata de hacer
cine, pero en ese caso, que sea una opción y
no una frustración.
Así,
este año aparecieron por Toulouse Matías
Bize con su película y Manuela Martinelli
representando a B-Happy. Matías
me aclara -y he aquí aun la constatación
de lo antes dicho-: "fue gracias a que el director
argentino Ezequiel Acuña (director de Nadar Solo)
me pasó el dato que envié mi película
y me la seleccionaron". Si a Matías le llego
dicha voz no será por casualidad. También
llegaron hasta Toulouse Sub-terra, Tres
noches de un Sábado, Los debutantes
y El Leyton, pero sin representación
de ningún tipo. Sábado,
una película en tiempo real, se llevó
más de un par de aplausos, comentarios de pasillos
y elogios.
Pero
lo más importante es que gracias a que Matías
Bize se presentó personalmente con su película,
se abrió la posibilidad del dialogo directo y
algunos distribuidores franceses y latinoamericanos
se acercaron ofreciéndole una eventual distribución
y, de paso, Cahiers du Cinema lo entrevistó
para un articulo, además de un sinnúmero
de intercambios con otros directores latinoamericanos,
productores, y todos los etc. Y que no se diga que trata
de buscar farándula, porque el joven director
chileno estaba más asombrado que nadie cuando
se le acercaban a pedirle una entrevista, a elogiarle
su película u ofrecerle una distribución.
Es que este festival no se viste de etiqueta ni celebra
fastuosos brindis conmemorativos, aquí todo el
mundo se sienta a las mismas mesas de un comedor improvisado
en una carpa y ahí te encuentras a todo el mundo:
directores, teóricos, periodistas, estudiantes,
actores, productores, público, distribuidores
y todos toman el mismo repugnante vino (al menos bajo
el abrigo de dicha carpa).
La
reflexión final dice que es lamentable que para
poder ver cine latinoamericano haya que arrimarse hasta
acá. Quisiera sólo nombrar algunas satisfactorias
sorpresas que he tendio, como la película boliviana
Dependencia Sexual (haz caso omiso al
título y ya verás con qué te encuentras)
de Rodrigo Bellot; la peruana Los días
de Santiago de Josué Méndez; la
uruguaya 25 watts codirigida por Pablo
Stoll y Juan Pablo Rebella (aunque creo que esta sí
fue estrenada en Chile), las argentinas Ana y
los otros y Los rubios de
Celina Murga y Albertina Carri y otras menos sorpresivas
como Los Guantes Mágicos de Martín
Rejtman y El abrazo partido de Daniel
Burman. A ver si algún distribuidor se anima
a arriesgarse con ellas en Chile. Si así no fuera,
que sirva esta referencia para los curiosos que se empeñan
en saber qué se está haciendo en Latinoamérica,
para que las puedan ver a través de medios más
rebuscados que la exhibición en salas; así
como van las cosas, no nos quedará otra opción.
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