 |
ELEFANTE
Título Original: Elephant
País, año: Estados Unidos,
2004
Dirección y Guión: Gus
Van Sant
Reparto: Alex Frost, Eric Deulen, John
Robinson, Timothy Bottoms.
Dirección de fotografía:
Harris Savides
Montaje: Gus Van Sant
Música: Ludwig van Beethoven,
William S. Borroughs, Hildegard Westerkamp |
|
Asistir
al patético espectáculo de la cotidianeidad
es algo a lo que estamos poco habituados en el cine,
y que debería convertirse en una constante, ya
que de él se pueden sacar conclusiones contundentes,
como las que se desprenden del Elefante
de Gus Van Sant.
Muchas
veces he escuchado citar al sistema educacional norteamericano
como un digno ejemplo en lo que a educación integral
del estudiante se refiere. En esta película,
por aproximadamente una hora, se nos confirma dicha
apreciación: adolescentes lozanos deambulando
por un colegio de una infraestructura envidiable, realizando
actividades físicas en un espléndido campus
deportivo, asistiendo a cursos de fotografía
en dependencias bien equipadas, realizando debates progresistas
en las salas de clases con respecto a la condición
homosexual, etc. En fin, Estados Unidos cerciorándose
que sus individuos jóvenes perpetúen su
posición de país "líder del
mundo libre". Sin embargo, ¿Qué sucede
en los quince minutos siguientes? Todo se vuelve destrucción
y aniquilación sistemática. Y el director
no nos plantea lo eso como consecuencia de lo primero,
sino como el simple acontecer diario en el azaroso juego
de la civilización.
Inteligentemente,
se nos da constantemente pistas falsas para poder dar
una explicación a los sucesos acontecidos al
final, pero cualquier espectador libre de ingenuidad
se dará cuenta que tienen el mismo peso que las
explicaciones dadas por los políticos a los problemas
sociales. Ni la humillación por parte de tus
pares lanzándote bolitas de papel, ni la bulimia,
ni la homosexualidad escondida, ni una historia de alcoholismo
familiar, pueden dar una explicación cabal del
avance lento y devastador hacia la destrucción.
La
mirada de Van Sant es perpleja y distante al mismo tiempo,
comparable a la de Robert Bresson en El Dinero
y a la de Stanley Kubrick en 2001, odisea en el espacio.
El ritual de muerte de los dos jóvenes asesinos
es tan terrible y anodino a la vez como los crímenes
en torno al billete falso en la película de Bresson
y los asesinatos de Hal 9000, ilustrados en forma de
rayas en la pantalla de un computador.
El
mérito principal del filme es transformar en
belleza nuestra falta total de trascendencia. Deleitarnos
con los patrones de la hormiga tal como el músico
Stockhausen se maravilló con las dos torres derrumbándose
por televisión, definiendo el "trascendental
suceso" como una obra maestra.
La
puesta de escena es cuidadosa en detalles, y todos tienen
igual relevancia, desde un perro saltando en cámara
lenta hasta una niña tímida pasando imperceptiblemente
por el lado de dos jóvenes populares. Salvo por
el momento en el que un joven atormentado tapa sus oídos
y el vómito de las tres niñas bulímicas
en el baño, que tienden a la dramatización,
la naturalidad de las actuaciones, lo banal de los diálogos,
el pulcro trabajo fotográfico y la elegancia
en los movimientos de cámara ayudan a entrar
en el trance hipnótico necesario para sumergirse
en aquella realidad que, por más que a un joven
chileno de clase alta le pueda parecer cercana, es por
sobre todo un muestreo del impredecible rumbo de la
sociedad estadounidense.
¿Hacia
dónde camina el elefante? Tal vez las pistas
se encuentran al final del filme, donde un burlón
"ini mini miny mo", se entrecruza con las
masas de vapor de agua que se mueven al vaivén
ineluctable de los cambios de temperatura de nuestra
maltrecha atmósfera.
|