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DOGVILLE
País, año: 2003
Dirección: Lars von Trier
Reparto: Nicole Kidman, Jeremy Davies, Chloe
Sevigny, Stellan Skarsgaard, Patricia Clarkson,
Paul Bettany, Lauren Bacall, James Caan
Duración: 170 minutos |
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Lars
Von Trier escupe su última película,
y antes que todo hay que concederle algo: ninguna película
ha dado más qué hablar en el último
tiempo sobre el cine y sus devenires, sobre artes, políticas,
éticas y estéticas. A la vez, ninguna
película asume un riesgo formal de tal magnitud.
En gran medida, Dogville se sabe película-espectáculo,
sabe que sus "rupturas" serán bienvenidas
en el mercado porque eso se espera. La única
condición es que debe ser explícita en
su ruptura, no puede negarle el placer al espectador
de saber que está viendo algo entretenido (espectáculo)
y a la vez algo con "contenido crítico"
(arte). Estamos ante un show, un show macabro, que en
su operación reflexiona sobre las condiciones
(si se quiere psico-analíticas) en que se constituye
y se mueve el espectador contemporáneo.
El
cine de Von Trier se sabe muerto, nace muerto. Desconfía
de sí mismo, tiene un desprecio profundo por
el espectador, por la industria del cine, por el contar
una historia. Los referentes (Brecht- como nunca esta
vez-, Juana de Arco, Godard) están al servicio
de una moral que acusa, señala con el dedo, pero
que no está dispuesta a asumir su propia fragilidad,
solo a denunciarse a sí misma como película
(acá, qué duda cabe, el falso escenario
de paredes invisibles, el final subiendo de escalera
diegética), pero no en su crítica, destructiva,
sin concesiones.
Dogville
se mueve en dos ejes, el odio, por un lado (aquello
que está, se siente en el aire) y por otro, el
mal (como algo que está, que nos atrae y nos
repele). Nos hacemos cómplices de Nicole Kidman
en su giro sorpresivo final. Nos hace desear la aniquilación
del otro, lo vemos como justo. Justo en ese momento,
un segundo de arrepentimiento, de descaro: quien ha
perdido la máscara no han sido los personajes
sino nosotros, los espectadores. "Usted es como
ellos" nos grita al oído el cineasta. Quedamos
en silencio mientras decidimos qué vamos a decir
después de verla ("te gustó?",
"que buena", "uff"). Y he aquí
el punto. Dogville es un Titanic, un martillo,
un suceso completamente grueso, donde los personajes
están al servicio de un concepto de fondo, sin
matices: Von Trier posee todo lo bueno y lo malo de
todas las vanguardias del siglo XX, todo su ímpetu
experimental y a la vez todo su totalitarismo. Lo increíble
es que en el contexto actual eso se transforme en un
evento social. Como decía una amiga, nos "sucede"
Dogville y vamos al cine para que eso
nos suceda. ¿Es suficiente a estas alturas que
nos suceda algo en el cine como para irse satisfechos
después de una película? Dejo la pregunta
abierta.
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