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BETTY
FISCHER Y OTRAS HISTORIAS
Título original: Betty Fischer
et autres histoires
País, año: Francia, 2001
Director: Claude Miller
Guión: adaptado de la novela
de Ruth Rendell, "El hijo perdido"
Reparto: Sandrine Kiberlain, Nicole
Garcia, Mathilda Seigner, Luck Mervil |
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Con
tres años de retraso y avalada por numerosos
premios internacionales, llega a nuestro país
Betty Fischer y otras historias, cinta
francesa del director Claude Miller, cuya cosecha
ofrece nada menos que Class Trip, película
que compartió el premio del jurado en Cannes
junto con La Celebración, en 1998.
Betty
Fischer, película que podría catalogarse
como "drama psicológico", gira en torno
a tres mujeres: Betty, exitosa novelista de best-seller,
que ha decidido trasladarse con su pequeño hijo
Joseph a un tranquilo suburbio francés, luego
de una tormentosa estancia en Nueva Cork; Margot, madre
de Betty, que padece una extraña enfermedad que
le hace comportarse violentamente de un momento a otro;
y Carole Novacki, joven algo ninfómana que deja
todos los cuidados de su hijo José a su novio
de turno. La repentina muerte de Joseph, el absoluto
desmoronamiento de Betty y la rotunda locura de Margot,
quien rapta al hijo de Carole para reemplazar a Joseph,
harán que las "otras historias" de
las que habla el título cobren movimiento propio,
entrelazándose y mordiéndose la cola como
en las polifónicas cintas de Paul Thomas Anderson.
En
Betty Fischer los padres y maridos no existen
o poco se sabe de ellos. Los únicos hombres que
entran al mundo femenino de estas tres mujeres son aquellos
incapaces de pararse frente a ellas como verdaderos
hombres; impotentes gigolós, celosos y contenidos
jefes, un amante sospechoso de todo solo por ser negro.
La cinta se estructura entonces a partir de aquellas
decisiones que la mujer debe tomar en ausencia de la
razón dominante masculina. Esta ausencia de razón
la vemos encarnada en el personaje de Margot, a quien
no podemos dejar de comparar con la Gena Rowlands del
cine catártico de Casavetes, con esa locura desbordante
de un amor demasiado grande para ser comprendido en
un primer abrazo. Como cuando en Torrentes de amor la
Rowlands llena la casa de su marido con animales, aquí
Margot llena la casa de Betty con un niño. Es
este razonamiento marginal, anti-social y políticamente
incorrecto de Margot el que logra finalmente dar un
orden en la vida de Betty, en una especie de justicia
salomónica que desde hace miles de años
sigue manteniendo su sabiduría.
Sosteniéndose
principalmente en sus actuaciones, y con una trama que
a ratos exagera un poco el recurso de la coincidencia,
Betty Fischer nos atrapa desde la escalofriante
primera escena, manejando con gran oficio los diversos
géneros a los cuales recurre.
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