Pulse Aquí


Home | Editorial | Nota
20-08-2003
DISCUSIÓN EN TORNO A IRREVERSIBLE
 
Por Iván Pinto

Se intenta defender a Irreversible como una cinta sobre el dolor, una obra contemporánea que intentaría refregarnos lo peor de nosotros mismos a la cara. No es cualquier título ese hoy en día, cuando el dolor pareciera ser el mito fundante de un presente que se nos escapa. Creo que, sin duda, las mayores obras del último tiempo están hechas desde esa sensación de perplejidad frente al recién pasado siglo XX. Dos grandes guerras son, evidentemente, argumentos fuertes para construir desde el dolor mismo y poner en cuestión el paradigma humanista -a la vez que para estar avergonzados del daño provocado-. Y sí, como nunca antes, el arte pareciera estar ahí para refregarnos en la cara esa herida bajo la que vivimos. Pareciera este el momento de repliegue para poder volver a reconocer el cuerpo herido, las cicatrices que nos componen -a nivel macro y a nivel micro-. Es, quizás, el momento para observar el dolor de frente. Desde mi perspectiva estos constituirían los alcances de un cine crítico hoy en día.

Sin embargo, esta observación frontal no implicaría un mero mostrar en imágenes efectivas, espectaculares -como la escena de la violación en plano secuencia-, sino un intentar ver efectivamente el proceso de cara al frente, es decir, mirando el objeto, sus causas, sus componentes. Un cine crítico, hoy en día, debe centrarse en desenmascarar aquello que, justamente, compone el horror del día a día, esa banalidad absoluta con que todas las cosas parecieran suceder -la guerra por TV, por ejemplo-. Hacer esto implica un proceso de profundo dolor, porque quiere decir que sólo podríamos verlo en la medida que esté dentro de nosotros. El desgarro sería, entonces, un arrojarse desde nuestras propias vísceras y tratar de re-identificarnos con el cuerpo desfigurado. Mi impresión es que la cinta de Noé deja poco espacio para esa mirada frontal de los objetos y más bien se dedica a describir con mucho efecto una situación donde cada personaje es un estereotipo. No hay complejidad en la construcción de los personajes, ni mucho menos existe tal desenmascaramiento de los estratos verdaderamente obscuros de la subjetividad humana. Citaré tres ejemplos que creo que sí lo logran: Fassbinder, Sarah Kane (en el teatro) y La pianista de Michael Haneke.

Por otro lado, si es por tratamiento visual -otra de las potenciales argumentaciones que podrían defender la supuesta crudeza de este film- no hay que ser iluso, ni ingenuo. Estamos a finales del siglo XX, muchas imágenes han pasado por nuestras retinas. Si se trata de mostrar hasta lo inimaginable, para eso -hasta ahora nadie los ha superado- está el cine Gore y el cine oriental. Al lado de eso, el film de Noé parece un juego de niños.

Por consiguiente, afirmo:

1. Irreversible no es una obra "vanguardista" -ni siquiera aunque pudiésemos hablar hoy en día de vanguardias- ni "rupturista", porque no es una obra que salga de la linealidad, no existe tal deconstrucción del modelo aristotélico porque la concepción temporal -otro argumento de los defensores- no deja de ser un mero desorden de hechos con lógica causal -similar cosa ocurre con Memento, por cierto-. No es una obra de matices porque ningún personaje sale de la linealidad de un rol actancial en un modelo programático enseñado en las más malas escuelas de guión, y donde cada personaje es un cliché en sí mismo. En otras palabras -y por esto- no nos "duele". No nos "duele" como una novela de Houellebecq -bueno, la primera-, como una obra de Sarah Kane o una película de Fassbinder. Y no nos duele porque ni sus manipuladoras cámaras en mano, ni sus personajes gritones, ni su violación en clave voyeur -ah, y ruptura de cara- nos develan nada del "otro lado" del relato ilustrado- burgués al que se intentaría criticar. No nos duele, porque no existe la lucidez del desenmascaramiento, ni la capacidad de generar una idea nueva más allá de nuestra linealidad receptiva. No nos duele porque a "el mal" no se lo ve cara a cara, porque no basta con filmar desenfocadamente, ni mostrar a medias, ni al revés un acto violento. No nos duele porque el tiempo, justamente, no lo destruye todo, porque no está la supuesta pérdida, salvo enunciada en palabras que, con el pasar de los días, quedan en pura banalidad. Por esto -y por más-, afirmo que la cinta es facilista. Y si se trata de hacer un cine crítico hoy en día, eso no se perdona.

2. Afirmo, también, que una admiración por su cinta no debe tener ninguna mala intención sino lisa y llanamente Ingenuidad. Ingenuidad y algo que me explico como un maravillarse con el despliegue visual en primera instancia, ignorando que muchos de los recursos explotados por Noé -hasta la saciedad, hay que decirlo-, pertenecen al "otro lado" de la historia del cine, aquella que no nos cuentan en la escuela, que se ha hecho millones de veces desde Godard para atrás y para adelante y por todas las vanguardias, llegando al video arte. Ante tal vacío y hoy como nunca, es muy probable que nos pasen gato por liebre. Admito que es fácil engañarse también ante tantas imágenes y "artistas postmodernos" dando vueltas.

Espero con esto abrir la discusión más aún sobre estos tópicos -no creo que sobre la cinta ¿da para más?- en próximos foros -como el de esta página-, editoriales y críticas de cine -como ya ha ocurrido en esas mismas secciones-. No quiero tener la última palabra y desafío al Sr. Vicente Lastra -autor de las columnas frente a las cuales esta reacciona- a motivarse a contraargumentar con potencia, lucidez y agudeza, como ya lo ha demostrado.

Salud por la discusión.

© INTERGROUP S.A.


SECCIÓN EDITORIAL: editorialcl@unavuelta.com o Haga >CLICK AQUÍ<
© INTERGROUP S.A.