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Durante el año 2003 se pudo apreciar el surgimiento de lugares que actualmente están en proceso de consolidación y que, llevados por una administración seria e informada, han sabido dar forma a la institución de la galería no comercial, es decir, han logrado configurar un abanico de oferta artística como plataforma netamente expositiva. Es el caso de Matucana 100, el CAVS, el Centro Cultural de España, la Galería Metropolitana en Santiago, lo que realiza actualmente las salas de arte Gremio y H10 en Valparaíso o la incipiente gestión de Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia. Otros lugares han mantenido una línea programática constante, que durante este año mantuvo un ritmo expositivo que refresca y aumenta la posibilidad de vincularse experiencialmente con las obras de artistas consolidados o en proceso de consolidación. Este es el caso de la galería Gabriela mistral, el MAC, la Galería de Telefónica, la Galería Gasco, entre otras.
A principios de año hubo dos muestras significativas de artistas que pertenecen al circuito internacional y que por primera vez visitaban una locación chilena: Se trata de la obra de Damien Hirst, "Last Súper" y la muestra "Música de origen incierto" de Sigmar Polke, el primero expuesto en el MNBA y el segundo en el Centro de Extensión de la UC. Ambos trabajos coinciden en el oficio del artista, no en el oficio de una técnica, sino en el hecho de hacer de las obras un soporte de trabajo valedero, sin excusas ante la transformación de la realidad que realiza la imagen y su relevancia como vía de escape. Sigmar Polke es, a mi juicio, uno de los mejores pintores que ha traspasado el umbral del siglo XXI y, aunque su muestra fuera bastante mínima -así como lo de Hirst - permite apreciar cómo el problema del arte se encuentra a medio camino entre ver y mirar, significando así a la imagen como una coyuntura entre aprender a ver y seleccionar los elementos de la realidad con los cuales conectar la mirada.
Algo similar se planteó desde la pintura en la muestra de revisión y critica denominada "Cambio de Aceite". La exposición reunió a 39 artistas nacionales con obras que circularan alrededor de la pintura, extrayendo el título de la muestra de un derrame voluntario de aceite que realizó Eugenio Dittborn en el desierto de atacama en los años 80. La extracción del nombre puso una fecha de inicio, la revisión se hizo entonces en el período correspondiente entre 1980 y el 2000. De esta manera, nuevamente se puso en el tapete esta especie de retrospectivas generacionales que metodológicamente sirven sólo como muestrario de validación, ya que sólo importa si se pertenece o no. ¿Será que la sagacidad curatorial de "Cambio de Aceite" se centraba en una relación tipo ceros y unos, existo no existo, me toca no me toca? A fin de cuentas, "Cambio de aceite" se planteó como un proyecto pretencioso y pecó de ansiedad, o sencillamente de no saber decir que no.
Dentro de "Cambio de aceite", en su segunda parte -recordemos que tuvo dos partes- se expuso la pintura de Judith Jorquera "la balsa de la medusa", una obra sumamente enigmática debido al agresivo proceso por el cual llega al museo. Se trata de una copia exacta de la pintura del mismo nombre pintada por Gericault en la Francia del S XIX; sin embargo, Judith Jorquera, una vez acabada la pintura, la deja flotando en el mar durante varios días. Es una especie de enigma histórico narrativo y lo que se expone es una historia mediata de la pintura y una historia inmediata de la tragedia relatada por Gericault. Podría ser que esta pintura náufraga sea la más significativa de "Cambio de Aceite", en cómo se relaciona con una muestra que pretendía contar historias no contadas en el arte de las últimas dos décadas. Salas de arte Gremio apareció en nuestra página con la muestra denominada Canuta de Vanesa Vázquez, quien pronto estará participando de la bienal de arte joven en el MNBA y que además está a cargo de la microgalería H10. H10 es un lugar determinado por su ubicación -en pleno centro de Valparaíso- y por sus liliputenses dimensiones. Allí expuso el trabajo "todo bien puedes Cantar (fragmanto)" de Paula Dittborn, una obra de dobles lecturas que hace referencia al cine con una obsesiva técnica de pintura con plasticina. Por esa misma fecha se daba término a la galería más atrevida del último tiempo en Santiago de Chile, Muro Sur cerraba sus puertas y se transformaba en un video club, dejando atrás una serie de muestras que posibilitaron la visibilidad de obras que no tenían cabida en el circuito tradicional. Podría hablarse con nostalgia de este hecho, pero fue justamente su finitud la que hizo de esta nueva versión de Muro Sur un lugar de experimentación; fue justamente esa condena a muerte dada desde un principio la que permitió cambiar la trascendencia por proyectos realmente agudos; Escenográfica fue una de las últimas muestras, junto con la muestra de videos denominada "Estadio" y "De Lo Amoroso".
Matucana 100 entraba de lleno en el reconocimiento de grandes artistas nacionales y, luego de exponer Roser Bru y José Balmes hace algunos meses atrás en la muestra "Taller por taller", organizó la muestra de Guillermo Núñez "La quinta del sordo", una muestra de profundo carácter revisionista que lograba evidenciar el conflictivo imaginario de Núñez, marcado por la dictadura y pulido por la experiencia que el trabajo con imágenes recicladas le ha dado. En el centro cultural de España por su parte, traían la selección de jóvenes artistas realizadas por el INJUVE, una muestra aleatoria que permitía ver y comparar las producciones artísticas realizadas en diferentes partes de España, pero que sin embargo, adolecía de inconexión entre las obras y de un profundo desajuste con el lugar, además de proponerse como una exposición sin dirección curatorial, realzando sólo el hecho que eran obras de diferentes partes de España. A pesar de ello, contenía excelentes trabajos que otorgaban a la imagen un papel protagónico, tanto desde su adaptación fotográfica como su puesta en escena. En el MAC, junto con apoteósicas exposiciones que reunían a varios grupos de artistas en las diferentes salas -una tónica que se viene prolongando como el salvoconducto económico de aquella institución, ante la imposibilidad de sobrepasar el hecho de la inauguración como una especie de pic de la muestra- surgió la enigmática obra de Corvalán EWE-03, donde una oveja vivía su propio espectáculo como elemento constituyente y simbólico de una obra que hace pocos días se cerró con la publicación del catálogo.
Junto con unírsenos Constanza Arena al grupo de redactores de UNAVUELTA Plástica, se abrió una nueva veta de exploración introducida por la experiencia que ella ha desarrollado en fotografía, inaugurando, con la muestra "Una pasión Mexicana" de Tina Modotti, la critica especializada de fotografía en nuestro sitio, tanto a nivel histórico como relacionado con el acontecer actual de esta disciplina. Paralelo a este hecho vino la visita de Aquile Bonito Oliva, el curador y teórico de la Transvanguardia Italiana de los ochenta, que trajo una muestra de la agrupación de artistas que respalda al MAC. La muestra incluía obras de Sandro Chia, Francesco Clemente, Enzo Cucchi, Incola de Maria, Mimmo Paladino, todos pintores que dieron, en la época en que las vanguardias fenecían, una visión de las maneras de hacer arte que resultó contestataria, ya que no consideraba la ideología como el elemento preponderante para otorgar una linealidad -y por lo tanto una consecuencia social y política que fuera racional- a la creación artística.
Para cerrar esta revisión, me quedaré con dos grandes hechos artísticos de la segunda mitad del año: la Bienal de video y nuevos medios, que pasó casi desapercibida y que -creo- necesita un emplazamiento más adecuado para estar a la altura de su nombre; y la obra que el galardonado Gonzalo Díaz montó en Matucana 100, la que a mi juicio, ha sido una de las mejores exposiciones realizadas en Santiago durante este año. |
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