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HASTA
DECIR PALABRA
Autor: Francisco Bochatón
Sello: Indice Virgen
Edición: Buenos Aires, 2002
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Hace apenas
unos días vio la luz, a través del sello Indice Virgen,
Hasta decir palabra, una nueva entrega de la música
exquisita que acostumbra destilar Francisco Bochatón. Se
trata esta vez de un regalo algo menos escueto que las últimas
gotas de elixir incluidas en los anteriores Píntame los labios
y Mundo de acción, dos EPs editados luego de su viaje iniciático
como solista y volcado, en 1999, en Cazuela. Y es, a la vez, una
suerte de regreso a esos comienzos, luego de una trayectoria elíptica
que ha dejado trazos luminosos en una de las posibles historias del rock
argentino de los noventa.
Sucede que
Francisco Bochatón es ya una figura imposible de esquivar
a la hora de hacer arqueología, aun tratándose de tiempos
no tan remotos. Primero, junto a su banda Peligrosos Gorriones, formó
parte de esa avanzada pop que tuvo lugar a la vera del camino construido
por los masivos grupos de rock barrial durante buena parte de los noventa.
Después, con tres discos y una creciente cercanía al abismo
de la masividad, la urgencia de un mayor compromiso con sus propias intuiciones
musicales lo llevó a recluirse en Cazuela. En ese momento, y si
bien contó con invitados de lujo, Bochatón se hizo cargo
de gran parte de los instrumentos audibles en el disco, en una jugada
independentista que coincidía con la búsqueda de una voz
franca y personal, sin mediaciones. Siguiendo al manifiesto sobrevino
la calma, que dio sus más jugosos frutos en los dos mencionados
EPs, donde canciones como "Puerto Amar", "Vida simple"
o "El candado", optaban cada vez más por darle a esa
potente claridad de la voz poética de Bochatón un marco
sonoro calificado, sin desmerecer la simplicidad estructural de cada pieza.
El formato ayudaba, por cierto, a concentrar los cuidados y dar a cada
perla su brillo propio, conduciendo, a la vez, al oyente al terreno de
la auténtica devoción. Si la electricidad no faltaba, tampoco
se extrañaba su abundancia, y en la vía inaugurada por algunos
temas de Cazuela, la contundencia pasaba más por ciertas palabras
y ciertos arreglos instrumentales, que por la estética del ruido
de la que tanto se abusa.
En Hasta
decir palabra, Francisco Bochatón parece no haber
querido optar por ninguna de estas dos vertientes, sino todo lo contrario.
Este nuevo disco reúne once canciones que, sin abandonar el culto
al yo lírico, se apoyan en bases, distorsiones y bajos que irrumpen
con mayor presencia que en sus producciones inmediatamente anteriores,
reencontrándose a su vez con algunas de las propuestas de Cazuela.
Una cierta incomodidad acompaña las primeras escuchas, disipándose
conforme el oído se ajusta al clima algo inquietante propuesto
por temas como "El gorila", "Tu amor no perdona",
o la menos distorsionada "Luces negras". Conservan el legado
pop las melodiosas "Flor de locos", "Idea única",
"Vi tu flor se abre" y "Vida de sueños", mientras
que otras canciones como "Canto al fuego fatuo" -musicalización
de un poema africano- y "La noche de los astros" son, cada una
a su manera, apuestas de un sabor épico no falto de encanto.
Por último,
en temas como "Te amo" y "Vuélveme a enamorar"
cristaliza el espíritu años 80 que surca prácticamente
todo el disco. Colaboran, como en casos anteriores, María Gabriela
Epumer, Mariela Chintalo, Quique Ilid, Germán Novarini y hasta
Celeste Carballo, acompañando la voz de un Bochatón, que
se escucha algo fuera de sintonía por momentos, lo que ha de ser
una opción como otras, tratándose de un vocalista que, en
general, acierta bien en el trabajo de voces de sus discos, asistidas
nuevamente esta vez por Rudie Martínez, alma mater de Adicta.
Se trata,
en definitiva, de un conjunto de canciones para abordar con menos inmediatez
que en casos anteriores, pero vale la pena el esfuerzo: pronto las primeras
aparentes incongruencias encuentran su lugar mientras la poesía
clara e iluminada de Bochatón invade el aire, como tantas otras
veces.
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