Eduardo
Alonso Crespo
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Orquesta
Sinfónica de Salta
Director: Felipe Izcaray
Solista: Javier Anderlini, piano
Programa: Eduardo Alonso Crespo: Obertura de 'Juana
la Loca', Franz Liszt: '2º concierto para piano y orquesta'
y Johannes Brahms: '1ª Sinfonía en do menor' op.
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Casa
de la Cultura de Salta, 17 de octubre de 2002
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La sombra
del sinfonismo beethoveniano se extendió por casi cincuenta años
durante el siglo XIX. Esa sombra fue la causa por la cual otro genio alemán,
Johannes Brahms, tardaría catorce años (1862-1876) en componer
su primera sinfonía, que vio la luz cuando el compositor tenía
43 años de edad. El respeto que Brahms sentía por la titánica
producción sinfónica de Beethoven, la búsqueda en
expresar el equilibrio entre lo clásico y lo romántico que
por aquellos años pocos se habían percatado en las sinfonías
de Beethoven, produjo finalmente que Brahms encontrara su propia personalidad
y lenguaje sinfónicos. Su tejido musical, su forma, su estructura
que omite el tradicional minué o scherzo en el tercer movimiento,
la derrota que infligen las tonalidades mayores contra menores, la utilización
de distintos ritmos y modulaciones, incluso dentro de un mismo movimiento,
hacen de esta sinfonía una expresión sonora de gran belleza
pero también de enormes dificultades. Solo se puede hacer bien
con dos elementos básicos, un director capaz de hallar musicalmente
el significado profundo de los pentagramas para preparar su ejecución
en un lapso relativamente breve y un grupo instrumental de alto vuelo.
Y ambos aspectos se cubrieron con creces. Felipe Izcaray entregó
una versión majestuosa, en el exacto tempo que indica la tradición
centro-europea, resolviendo todo el discurso con indudable maestría
y los músicos estuvieron a la altura de las exigencias. Hubo solos
memorables, por caso Ricardo Da Silva (oboe) en el primer movimiento,
Valeriu Bivol (violín) en el segundo o Pablo Thimental (clarinete)
en el tercero. La producción fue de tal magnitud que un eventual
desajuste apareció desapercibido en medio de tanta musicalidad.
Luego de tres buenos intentos previos, esta vez la orquesta hizo un Brahms
inobjetable.
El concierto
se inició con la atractiva obertura Juana la Loca de Alonso Crespo
que ya conociéramos en octubre pasado con sus reminiscencias rítmicas
del ragtime mezcladas con el lirismo de música básicamente
latinoamericana donde encontré un lucido solo de Cecilia Ulloque
(flauta), para cerrar la primera parte con el concierto de Liszt en el
que Anderlini repitió con reconocida solvencia, pianismo aristocrático
y transparente, su toque de junio, también del año pasado.
Fue una interpretación feliz aunque me quedo con la del 2001, tal
vez porque en ese momento el piano Steinway de la provincia estaba mucho
mejor. Hoy ya es una calamidad. En este concierto, brilló además,
Andriy Chornyy (violonchelo) en sus diálogos con el pianista.
Por razones
de público conocimiento, el gobierno salteño mostrará
cambios importantes. Es de esperar que quienes continúen la administración
provincial sigan apoyando esta orquesta y su público, pues ambos
no solo necesitan mantener este patrimonio cultural, sino que lo merecen.
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